martes, 11 de marzo de 2025

Mi pequeño universo

 

Al fin llegaron las vacaciones. Estamos a mediados de noviembre,  ya se palpa la brisa decembrina, las hojas de nuestra arboleda emiten  agradables   sonidos crujientes al ser agitadas por los vientos; el sol hace presencia activa, pues hace 15 días no llueve y está de plácemes alumbrando mi  tiempo de descanso. La temporada veraniega ha llegado. 

El quinto grado fue el más difícil de todos, pero lo he ganado con lo justo y me dispongo a recibir el diploma de primaria a finales de mes. Como estoy en periodo libre, mis progenitores  me autorizan a salir a jugar todos los días. ¡Qué felicidad!

Como se ha dicho en otros estadios de esta antología de remembranzas, el servidor que les escribe vivía con sus padres y  hermanos  en una urbanización de interés social, concretamente en una casa de esquina . Colindando con esta  había una zona de recreo, luego una esplanada, después la carretera principal y más allá un gran solar que estaba separado de  por un muro. 

De esta forma la vivienda gozaba de buena   ventilación, ya que recibía en pleno el aire que llegaba desde el solar. El área de recreo a la que me refería, era mi pequeño universo. Solo con   asomarme a la terraza; estaba ahí esperándome para jugar y divertirme. No tenía mobiliario, senderos  peatonales, columpios, farolas  o cosas por el estilo; era más bien,  un solar de arena bordeado por una hilera de ladrillos rojos de unos 50 cms de alto.  Una solución muy espartana para que los nuevo habitantes del asentamiento plantaran árboles y dispusieran de un lugar para el disfrute y berroche de sus niños. 

Mi padre, gran amante de la naturaleza, sembró algunos árboles en aquel arenal. Lo mismo hicieron los vecinos. Con el tiempo,  se vio tupido de vegetación. Arboles y plantas de diferentes especies formaban un entorno agradable para jugar. Mis hermanitos y yo no dudamos en referirnos a aquello como el “parque”. 

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La temporada de descanso sigue su curso. Corro hacia mi universo, siento la brisa acariciar mi pequeño rostro, miro la copa de los arboles agitarse por la brisa, trepo mi árbol favorito; el palo de caucho que orondo ha florecido en la explanada adjunta al parque. Allí trepado, protegido del sol  merced a la tupida copa, recostado sobre una de las gruesas ramas que se balancea suavemente al son del viento; descanso feliz y exultante.

 

Después de un rato de asueto, bajo del árbol, me dirijo a   casa y saco mi bicicleta “5 A”. Recorro montado en ella  el parque mientras miro los diferentes árboles. Las ruedas levantan a su paso  una pequeña nube de arena y virutas de hojas muertas.  

Por la noche regreso a mi universo con mis hermanos y amigos de la cuadra. Tal como dije anteriormente, nuestro sitio de recreación no tenía lámparas; aquello era un bosquecillo donde en horas nocturnas reinaba  la  oscuridad, aunque matizada por las luces de las casas adyacentes. De esta forma, era ideal para jugar al “escondido”, aquel  tradicional juego de los niños de antaño. 

Bajo el manto de la penumbra, un participante  previamente escogido se tapaba los ojos y contaba hasta 10 o 20 mientras el resto del grupo corría a esconderse. Entonces este servidor que les escribe, a la sazón un grácil niño de 10 años,  recorría el parque buscando un escondrijo donde meterse a fin de no ser descubierto una vez terminara el conteo. Trepo entonces al árbol de almendra que estaba ubicado frente a mi casa, en la zona del parquecito adyacente a la misma. Era más alto que el de caucho, pero más efectivo para ocultarse. Aferrado a las ramas, oculto entre las hojas, observo mi morada desde arriba, veo su techo ennegrecido por los rigores del medio ambiente; admiro la antena “esqueleto de pez”  construida por mi padre, también la arboleda que cubre la terraza. 

¡Qué emoción! Me sentía el rey del mundo. Si hay algo que  los niños  de épocas pretéritas compartían era la fascinación por treparse en los árboles. 

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Al día siguiente, me encuentro otra vez en el parquecito. Esta vez llevo mi balón de fútbol y con dos vecinitos reclutados sobre la marcha, jugamos a los toques; uno de ellos cabecea el balón, luego el otro, sin dejarlo caer, me lo pasa mí y así sucesivamente. Y es que aquel sitio maravilloso no solamente servía para jugar al escondido o a la “lleva”; también acogía las prácticas deportivas. En efecto, el parquecito tenía en su centro un pequeño claro que usábamos para jugar al futbol. Entre los niños de la barriada escogíamos los dos equipos, el dueño del balón era el que tenía prelación para escoger su alineación, mientras el resto formaba el bando rival. Dos pares de piedras servían para demarcar las porterías. Bajo el sol abrazador de la tarde  , aquellos infantes protagonizaban  intensos duelos. Como no había arbitro,  cronómetros o algo parecido, el ganador del partido se definía merced al primer bando que alcanzara determinado número de goles. Esta fórmula, aunque  parecía justa, no impedía que frecuentemente hubiese peleas entre los jugadores debido a supuestas trampas y goles  inválidos. 

Recuerdo que una vez, bajo la dirección de un amiguito de la cuadra quien fungía de “técnico”, formamos un equipo de fútbol. Todos los viernes en la tarde entrenábamos en el parque. El técnico daba instrucciones, gritaba, daba órdenes; mientras nosotros, empapados de sudor y negros por recibir tanto sol, nos esforzábamos en los ejercicios. Hay un recuerdo gracioso sobre aquellas jornadas de prácticas. Es la evocación de aquella frase del técnico cuando entrenaba a los delanteros e intentaba darles ánimo en aras de convertirlos en feroces goleadores: “Deben obsesionarse con el gol, deben tener el arco rival pintado en su mente... Deben imaginar que  es una inmensa   'chucha'. ”  Semejante expresión, fogosa e irreverente, aludía a la zona íntima de la mujer para incentivar el hambre de gol entre aquellos prepúberes que apenas se asomaban tímidamente al despertar sexual. Por mi parte,  solo me causaba risa.

Con el paso del tiempo el proyecto del equipo de fútbol, cuyo uniforme iba a ser camisa blanca con pantaloneta azul oscuro e iba representar a nuestro barrio en los diferentes torneos, se fue diluyendo hasta desaparecer. Nunca jugó un partido oficial. 

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Han pasado varios días desde que salí de vacaciones. Esta vez no jugaré al escondido, ni al fútbol; tomaré una pequeña nave espacial que hice con un cartón e imaginaré que el parque es una luna de un planeta lejano. Como tengo la mente encandilada debido al visionado de la película “El regreso del Jedi” de la saga de “Star Wars”, transformé el parque en la luna “Endor” y la terraza de mi casa en la “Estrella de la muerte”. Entonces, sosteniendo mi navecilla espacial con mi mano derecha, hago una carrera desde mi casa hasta el último árbol del parque; imagino que exploro la luna volando sobre sus boques.

Una vez mi padre me regaló unos pequeños de aviones de plástico, eran muy bonitos y  de modelos de la primera guerra mundial. Estos pequeños aerodinos recorrían el parque, dándole la vuelta a los árboles, ascendiendo para después irse en picada. A veces el avioncito aterrizaba en el tierrero, entre las hojas muertas. Yo era un niño dotado de una tremenda imaginación, capaz de transformar mi entorno en escenarios fantásticos y excitantes.   

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Mi pequeño universo sigue ahí, lo veo desde la ventana de mi habitación o desde la terraza… El tiempo pasa, voy creciendo, mi parquecito está en franco deterioro; los otrora bonitos  ladrillos rojos que lo delimitaba lucen descoloridos y se están desprendiendo. Llego la hora de mudarnos de casa, ya no lo podré ver más a diario. No obstante, lo visito a veces y sigo notando más desolación y abandono. Con el inexorable paso de los años, se hace necesario removerlo.

Hacia mediados de la década de los 2000s, el municipio  construyó otro espacio de recreación en el mismo sitio donde estaba aquella cantera de recuerdos.  Hoy día, el nuevo parque tiene luces led, moviliario, zonas verdes , columpios y hasta una pequeña plazoleta techada para eventos. Ni se compara con el viejo parquecito que no era más que una zona arbolada sin más nada. Sin embargo, no tiene, ni tendrá el encanto y la magia de aquel.


Galería de imágenes

 
Recreación del parque según mis recuerdos
(montaje del autor del blog)




Otra imagen, emanada de mi acervo nostálgico. Acuarela y retoque digital
 (ilustración del autor) 




Foto de este servidor y su hermanita tomada por nuestro padre, probablemente en 1979 usando su Kodak Ektralite de 16 mm. Al fondo se aprecia el parque, que en aquel entonces estaba recién construido. Nótese los muros de ladrillos rojos y los arbolitos que apenas están creciendo. Como he dicho, no había  juegos, ni mobiliario; solo la esplanada para sembrar árboles.



Así lucía el parquecito hacia 1985,  la época en la que más jugábamos en el. Los árboles  ya han alcanzado su tamaño máximo.  Algunos ladrillos empiezan a desprenderse según se ve en la imagen. El paisaje ha sido modificado por el levantamiento de una bodegas que se distinguen más allá  de la carretera. Fotografía tomada por mi padre posiblemente con una cámara réflex ZENIT de 35 mm.




En la actualidad mi antiguo pequeño universo a recibido una total transformación y dotación.  Ahora, el municipio le hace mantenimiento a las zonas verdes y el mobiliario (imagen tomada de Google Maps)  



viernes, 18 de octubre de 2024

El niño espulgándose

 

Bartolomé Esteban Murillo - Joven mendigo o Niño expulgándose (1645-1650) 

Esta  pintura de Murillo siempre
me ha impactado
por su poderosa expresividad

Desde temprana edad, he tenido inclinación hacia el dibujo y la expresión gráfica; no es algo que se me haya enseñado, simplemente, nació en mí de forma maravillosamente espontánea, como si Dios lo hubiese puesto. Con el paso del tiempo he ido perfeccionando esa inclinación, especialmente desde que estudié diseño gráfico. De las largas horas de práctica y estudio, aprendí a usar la acuarela, los rotuladores, los colores, los pasteles, el aerógrafo y los Software de pintura; asimismo, descubrí (y aún lo hago) los misterios de la figura humana, de la perspectiva, de la teoría de los colores etc. No es de extrañar entonces que se haya desarrollado en mí una gran afición por el arte y todo lo que tenga que ver con él.


A lo largo de esta antología de sancochos temáticos, evocaré y comentare aquellas obras artísticas que siempre me han llamado hondamente la atención. Estas pueden ser de géneros variados como: pinturas, esculturas, obras arquitectónicas, filmes y hasta comics.

 En este texto me ocuparé de una obra que me ha impresionado mucho, un óleo sobre lienzo  realizado por el pintor español Esteban Murillo hacia 1645, en pleno Barroco; le han dado varios nombres, pero el más común es “Niño espulgándose”, el cual se  encuentra expuesto en el  Museo de Louvre de París.  Representa a un niño indigente, sucio, vestido con harapos, que se ha refugiado en el interior de un edificio abandonado para buscarse unas pulgas que se le han pegado al cuerpo y que lo mortifican con sus picaduras. Debido al uso de fuertes contrastes de luces y sombras (al mejor estilo tenebrista) que empleó Murillo en la pintura, se advierte un ambiente triste, solitario, y hasta melancólico. Me llama poderosamente la atención la forma como la luz proveniente de la abertura que está a la derecha, se posa sobre el cuerpo del niño transformándolo en una imagen llena de sombras dramáticas. La maestría con que está desarrollada la pintura, el oficio, la perfecta aplicación de la técnica, demuestra sin ambages la grandeza de  Murillo y, en general, de los maestros del pasado.


Detalle del rostro, notese los claros del cabello que indican la presencia de  sarna u otras afecciones 
en la humanidad del niño.



Vasija, frutas y cesto admirablemente resueltos.



Es una obra sublime, que expresa tragedia y ternura al mismo tiempo, lo cual es meritorio para Murillo, ya que logra enlazar estos dos aspectos perfectamente. Podemos entonces apreciar que, en medio del drama, se consigue mostrar una ternura congénita que no escapa de la mirada del espectador. Ahora bien, esta pintura la hizo Murillo en su natal Sevilla, en momentos en que la ciudad española vivía una situación terrible de pobreza y miseria. La peste había hecho estragos en la población, y muchos niños quedaron huérfanos, deambulando por las calles, buscando (y robando) cualquier cosa que pareciese comida. No es de extrañar entonces que Murillo, dominado por su espíritu sensible, se sintiera impulsado a retratar a esos pobres infantes. Se puede decir  que  esta tela constituye   una verdadera obra de denuncia social.


“Niño espulgándose” me lleva lamentablemente a evocar mi propio entorno ,  donde habitan esos niños callejeros y hambrientos, que se conforman con cualquier mendrugo de pan o cualquier moneda. Cada vez que veo a uno de ellos, no hago otra cosa que recordar esta pintura inigualable.


La obra desembarcando en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, España,  2009


Posdata: Con algunas modificaciones, este artículo es el mismo que publiqué en enero de 2009 en mi otro blog "Artiscrópolis".

jueves, 3 de octubre de 2024

Aquellas ruedas mágicas

  

Crédito: Adam Dubec

En otro apartado de estas remembranzas me refería a la cometa como uno de los artilugios favoritos de mi infancia. Pero, también hubo otro, más sofisticado quizás,  que marcó mi vida en esos felices años: la bicicleta ("bi-", prefijo latino que significa "dos". "kyklos", palabra griega que significa "rueda". "-ette", diminutivo francés.). Nadie puede afirmar que desconoce lo que es una bicicleta, ese curioso vehículo de dos ruedas tan común en nuestras vidas.

Veamos lo que dice el “Gran diccionario de las ciencias ilustrado a color”, magnifica enciclopedia, dispensada por mi finado padre:  “Velocípedo de dos ruedas , de las cuales la trasera, provista  de uno o varios piñones, es movida _mediante una transmisión de cadena_ por una rueda de dientes (plato) accionada con los pies.” Una acertada y técnica definición. Sin embargo, omitió la principal característica de este vehículo, que es la precesión.


La precesión, ese extraño movimiento que ocurre en los objetos giratorios. Si sostenemos una rueda giratoria por su eje y tratamos de cambiar su dirección, veremos que no podemos cambiar su dirección. 

De esta forma, un ciclista (o en su defecto, un motociclista ) puede conservar la posición vertical al tiempo que se desplaza. Lo hacemos de forma espontánea cuando permitimos que la rueda delantera del vehículo gire sobre su propio eje. De esta forma, los giros hacen que funcione la precesión, corrigiendo la inclinación y permitiendo que se mantenga el equilibrio.

Si estamos transitando en nuestra  la bicicleta y paramos la marcha ante un semáforo, la precesión no funciona y tendremos que poner los pies en el suelo. Hay ciclistas expertos que pueden mantener el equilibrio en reposo, pero en este caso, el efecto no se logra con la precesión, sino, mediante otros factores.                                            



Partes de una bicicleta. 

Este vehículo tiene una historia interesante. Se dice, según algunas fuentes históricas, que la primera bicicleta fue construida  por el alemán Karl von Drais en 1790, bautizada como "dandy horse". Hacia  1830, el escocés Kirkpatrick MacMillan agregó pedales a la bicicleta. En 1860, el francés Pierre Michaux creó la primera bicicleta con pedales y ruedas de hierro. Entrado el sXIX , la bicicleta se popularizo en Europa y EU. Con el tiempo se introdujeron la rueda de seguridad (1878), la cadena de transmisión (1885) y los neumáticos (1890s) Hoy día la bicicleta sigue  vigente y es más asequible que en los tiempos de mi infancia, dada   la cantidad de opciones que hay.

Bicicleta de Pierre Michaux


                     Bicicleta de los años 1890s


Volviendo al tema de la nostalgia, retrocedo en el tiempo. Me encuentro en 1983, las bicicletas eran, quizás, los objetos más deseados por los niños. Para ese entonces, ya había recibido como regalo de navidad diversos juguetes: un juego de armar tanques de guerra, un simulador de bombardero con visor y bombas incluido (los juguetes bélicos estaban de moda) un carrito a control remoto, etc. Como he dicho antes, mi padre no escatimaba en gastos a la hora de vernos felices los 25 de diciembre. Pero, faltaba mi bicicleta. Quería una, pero había que esperar hasta el mes de diciembre para tenerla, pues mi papá me había dicho que el “Niño Dios” me la traería para dicha fecha.

Recuerdo que el flamante caballito de hierro apareció el 25 de diciembre de 1983 en la sala de mi casa (en otro capítulo narraré la experiencia de aquella noche de navidad) La bicicleta era hermosa, marca “5A”, el marco era de color amarillo, los guardabarros, cachos y rines   eran niquelados; el sillín, el espaldar  y los manubrios  era del mismo color del marco.

 En cada manubrio, a manera de adorno,  iban adosadas dos mechas de coloridas hebras de plástico. También, aquel  vehículo iba dotado de un paral y un timbre. Mi padre, que a veces se jactaba de sus regalos, me dijo que era una de las ciclas más bonitas y costosas que había en el mercado. El comentario me confundió, pues me pregunté si era el Niño Dios o mi progenitor el que me daba el regalo. Para recomponer mi inocencia, me dijeron que entre la deidad navideña y mi papá lo habrían costeado.

Quien les escribe estas líneas montando su bicicleta 5A en algún momento de 1984.
Foto tomada por mi padre (probablemente con una cámara réflex ZENIT)

“Rin, rin, rin” trina el vistoso timbre de mi bicicleta. Son los días siguientes a la entrega del fabuloso regalo y aun no aprendo a montarla por mi cuenta. Recuerdo que la empleada doméstica de mi casa me sostenía  mientras yo pedaleaba algo miedoso. Al fin, entrado el año nuevo, aprendí a dominar la bicicleta. Todos los fines de semana (mi padre no me permitía jugar con la bicicleta los días de semana) la sacaba en las tardes sabatinas y domingueras para recorrer la senda peatonal que estaba paralela al parquecito que colindaba con mi casa, luego, me devolvía y subía con impulso la pendiente de la entrada del  garaje de la casa.

Inicialmente,  paseaba solo en el parque, sin embargo miraba calle abajo y sentía el  impulso de salir a explorar. Sin avisar a mis padres, un día me avente y llegué a los límites de mi barrio (¡) Con el tiempo fui más lejos y hasta visitaba a compañeros de escuela. No obstante, todo acabo cuando nos mudamos a la nueva casa en 1988.  Como no conocía el nuevo entorno, no me atrevía a salir, de esta forma  la bicicleta estuvo un tiempo s in usar. Esto, más los cuatro largos años que ya tenía de uso, hicieron mella en su estado: aquellos brillos se llenaron de oxido, aquella pintura amarilla palidecía y se cuarteaba; las llantas se desinflaban, los radios se opacaban.

Transcurrió  el tiempo,  me fui dando confianza hasta que llego  el momento de querer salir otra vez. Recuerdo que en  mi padre remodeló la bicicleta. Hizo unos cambios: la pintó de azul, le cambió el sillín por uno negro, así como el soporte de este por uno más corto (ver fig. 2) Otros cambios fueron los frenos y las llantas. Así, con mi cicla renovada volví a las calles. Las distancias recorridas se extendían. Los viernes salía con mis compañeros de escuela a manejar nuestros caballitos metálicos. 

Fig 1.Configuración original de mi bicicleta 5A.

 

Fig 2. Primera modificación.

 

Fig3. Segunda modificación.


En un momento dado, creo que en 1992 (ver fig. 3), le puse  a la bicicleta un   sillín corto en remplazo del largo que había estado usando hasta entonces y que, además, era también del mismo diseño que trajo originalmente de fábrica. Mi querida máquina viajera ya acumulaba 9 largos años de trajín, hasta lucía opaca la pintura  azul que le aplicó mi papá.  Me estaba quedando pequeña. Su marco de sinuosas líneas estaba diseñado para niños y adolescentes, no para un hombre de 18 años.  No recuerdo exactamente qué pasó con aquella bicicleta, solo se que ya no estuvo más en casa. Quedó para siempre en el baúl de los recuerdos. 


martes, 23 de julio de 2024

Petro y compra de aviones para la FAC

 

Se ha armando un revuelo debido al anuncio del ministro de defensa Iván Velazquez   y el presidente Gustavo Petro de dar luz verde a la compra de los cazas que remplazarán los viejos  Kfir de la Fuerza Aerea de Colombia (FAC). Aunque aún no se ha firmado contrato, la decisión política está tomada. Una decisión a la que rehuyó el entonces presidente Duque debido a la pandemia y al paro nacional.

 

Caza "Kfir" de la FAC

La reculada y oportunismo del presidente

Varias reacciones se han suscitado, unas de apoyo a la decisión y otras de desacuerdo. En esta última está la férrea oposición del ex senador Robledo, quien desde tiempos de Duque condeno cualquier intento de compra de aviones. Por otra parte, el ex candidato presidencial, Federico Gutiérrez, manifestó que está de acuerdo, pero criticó el hecho de que el ahora presidente Petro haya estado en contra cuando era candidato.

"La compra de aviones en medio de una crisis como la que vivimos, es el máximo grado de irresponsabilidad de un gobernante", trinaba efusivo el otrora candidato en campaña Gustavo Petro. Como he dicho en esta tribuna de opinión esto no es raro en el, quien ha  aprovechado de forma oportunista este “papayaso” coyuntural para quedar  ante la historia como el presidente que “asumió el costo político” de modernizar a la FAC. Por eso, no le importa lo que decía en campaña. No obstante, más allá de sus dislates demagógicos, esta decisión que ha tomado resulta (en la opinión de algunos especialistas y políticos de la oposición) correcta muy a pesar del costo oneroso en dinero que supondría para las arcas nacionales.

 

 

 

Un tema técnico más que político.

El problema de Petro, tal como lo tienen la mayoría de políticos de izquierda (incluido, a mi pesar, a Robledo en este tema en específico), es creer que actualizar los sistemas de armas  avanzados  solo es necesario en caso de amenaza internacional. No entienden que tener a punto las armas de la república es un asunto de estado y una obligación del comandante en jefe. Esta tendencia viene de viejos paradigmas de la guerra fría ya caducos.  Creen que los cazas de superioridad aérea “solo sirven para guerra internacionales”, cuando ahora no es así. Ahora, un F-16 o cualquier avión que se compre puede servir para una guerra irregular como la que vivimos. Pueden interceptar transportes de narcotráfico, ayudar en temas ecológicos relacionados con nuestros mares, servir de plataforma logística para operaciones de combate, entre otros múltiples usos.

 

La urgente necesidad de renovar la flota de los Kfir de la FAC.

La FAC dispone para cuidar la soberanía nacional, vigilar la extensas fronteras de nuestro país y otros usos, una flotilla de 12 cazas israelíes multipropósito supersónico “Kfir”, adquiridos a finales de los 80s de segunda mano. Desde entonces han sido re potenciados y modernizados para las exigencias del panorama nacional. Ha sido un excelente  avión y ha prestado de forma impecable su misión, incluso, ha competido cara a cara con los cazas estadounidenses en las competencias  internacionales. Pero, el tiempo pasa y cobra factura. La FAC ha sido contundente y, apoyada en parámetros técnicos, ha emitido el concepto de que los Kfir deben ser remplazados en el corto y mediano plazo, so pena de arriesgarse en un futuro a que la vida de los pilotos y la comunidad se ponga en riesgo.  Además, que su vida útil solo llega hasta   2023.

Entonces, la necesidad de nuevos aviones para la FAC es, técnicamente, inaplazable. Es un asunto que debía resolverse.

 

Los que se oponen.

La voz más elocuente y férrea que ha condenado la futura adquisición de nuevos cazas es la de Jorge Enrique Robledo, ex senador de izquierda que he ponderado en este espacio por su lúcida oposición frente a iniciativas del gobierno de Petro  como la reforma tributaria, la política energética, la reforma electoral y la reforma política. Pero en el tema que nos atañe, y esto es  una opinión personal,  se ha equivocado de plano. Cosa que me extraña, dado que no es un político proclive a los espasmos populistas e irracionales de su congénere  ideológico Petro.

En resumen, Robledo basa su posición en tres  pilares fundamentales que parecen irrefutables:

*No es necesario comprar cazas nuevos porque Colombia no está en guerra con nadie y no está amenazada por otro país. La reciente apertura diplomática  con un  Nicolás Maduro (de quien se tenía temor) aleja esa posibilidad.

*Comprar nuevos cazas supone un gasto oneroso que afectaría la inversión social y otros temas urgentes para la nación.

*Por lo tanto, se puede aplazar la decisión para cuando las circunstancias económicas lo permitan.

 

Ahora viene mi réplica, que es la misma de quienes justifican la necesidad de las compras:

*La soberanía nacional y las fronteras de la república deben ser vigiladas según mandato de la constitución. Sobre todo  cuando, en nuestro caso, esas fronteras son muy extensas y  discurren a  través de mar y tierra.    

No importa si se está en guerra o no, deben ser vigiladas; máxime, si tenemos rutas de narcotráfico activas y grupos irregulares que se esconden en Venezuela y nos amenazan (a pesar del mejoramiento de las elaciones diplomáticas con dicho país)

 

*Esta vigilancia la prestan aviones de combate de “superioridad aérea” es decir, cazas que pueden volar largas distancias y a gran velocidad con un enorme poderío letal en equipamiento armamentístico (misiles aire tierra, cañones ) Colombia es un país extenso, por lo tanto solo este tipo de aeronaves pueden desempeñar esta  misión.

 

*Para el efecto, tenemos en servicio diez cazas israelíes Kfir supersónicos de superioridad aérea, que  se han desempeñado de forma impecable. Pero, llevan algo más de 30 años de servicio y, tras varias repotenciaciones, han llegado al fin de su vida útil que finaliza en 2023 . Lo dice el informe técnico de la FAC.

 

*Teóricamente podríamos seguir operando los Kfir por diez años más, pero a un costo grande y corriendo riesgos operacionales. La vida de los pilotos puede ponerse en riesgo y la de la comunidad también. ¿No es mejor remplazarlos? ¿Se justifica desproteger a la nación no solo de alguna amenaza externa, sino, de los grupos irregulares y el narcotráfico?

 

Creo que la argumentación expuesta es contundente y justifica la renovación de la flotilla actual de cazas de la FAC. Es bien cierto, y esto puede tener razón Robledo, que el costo económico es alto, pero el rubro ya estaba contemplado hace tiempo y hay formas de financiamiento que abarcan 10 años. Habrá personas que, no sin razón, dirán que el dinero pudo bien invertirse en áreas sociales. El debate estará abierto por mucho tiempo, sin embargo, la adquisición de este equipo va sustentada por factores técnicos y circunstanciales que obligaban al presidente de turno a efectuarla. Es como estar entre la espada y la pared.

 

 

Posdata: Para el servidor que escribe estas notas, no  cabe duda que otra de las razones que tuvo Petro fue el temor a Maduro. Si bien se han restablecido las relaciones con el dictador, nadie sabe qué se puede esperar  de él. Por eso no es coincidencia que, de todos los oferentes,  la propuesta preseleccionada haya sido la de Francia con su caza “Rafale”. El más poderoso y costoso de la lista junto al Eurofighter Typhoon (descartado desde el gobierno de Duque). Aparato   de alcance continental  y modernísimo que haría una excelente disuasión frente a los Sukoi venezolanos. No es que Petro, con sus absurdos ideológicos heredados de su formación, haya llegado solo a tal conclusión. No, tuvo que haber sido su estado mayor (no sin una alta dosis de persuasión y parla) el que lo convenció de ello.

 

Los 80 años de la Operación Overlord



No podía dejar pasar la oportunidad para hacer una brevísima reseña sobre un gran acontecimiento sucedido hace 80 años, el cual se ha conmemorado por lo alto en Europa. Tuve el primer contacto con el tema hace unos 25 años merced a dos enciclopedias compradas por mi padre, ahora he ido leyendo más y sumando información de otros libros.

El 6 de junio de 1944, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, empezó a ejecutarse la "Operación Overlord" (nombre en clave), un gigantesco desembarco de tropas aliadas en las playas de Normandía. El objetivo era liberar Francia y eventualmente a Europa cerrando la brecha en torno a Berlín con la ayuda del Ejercito Rojo.

La URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), que luchaba junto con los aliados, soportaba el peso del frente oriental. Había que abrir un frente occidental para hacer realidad el candado que ahogaría al Tercer Reich. En la conferencia de Teherán ( del 28 de noviembre al 1 de diciembre de 1943) los "Tres grandes", Roosevelt, Stalin y Churchil, discutieron la fecha para ejecutar la operación. El presidente de EU le prometió a su par ruso que en 1944 esta se llevaría a cabo.
Finalmente se eligió hacer el desembarco a través del canal de la Mancha, que separa a Francia de Inglaterra. Normandía, una localidad al norte de Francia, fue escogida para establecer la cabeza de playa. De esta forma, al amanecer del 6 de junio unos 160.000 soldados atravesaron el canal de la Mancha apoyados previamente por mas de 4000 aviones, incluyendo aeroplanos y unas 5000 embarcaciones. Los países occidentales eligieron al general Dwight D. Eisenhower como comandante supremo de la fuerza expedicionaria aliada y al general británico Bernard Montgomery como comandante de las fuerzas terrestres.

Una de la operaciones aerotransportadas más grandes de la jamás realizadas se puso en acción. En pocos meses ya eran más de dos millones las tropas aliadas en Francia. Para abril de 1945, ya estaban a las puertas de Berlín. Fue el Ejercito Rojo, que venía del frente oriental al mando del mariscal Zhúkov, el que ejecutó el asalto final sobre el búnker de Hitler el 2 de mayo.

El desembarco no fue fácil. En algunas partes de la cabeza de playa hubo una feroz resistencia de los alemanes y muchas bajas aliadas. La libertad de Europa inmortalizó las vidas de aquellos soldados. Pocos veteranos de aquella epopeya sobreviven y son reverenciados como unos héroes.

Popularmente se le llama "El día D" a la "Operación Overlord" y, como ocurre con los libros , hay no pocas películas sobre el particular. Personalmente recomiendo "Salvando al soldado Ryan" de Steven Spielberg, que recrea el desembarco a través de una compañia que llega a la playa en medio de un feroz combate. Quizás la mejor secuencia bélica de la historia del cine.
Libros recomendados:
NORMANDÍA 1944, Stephen Badsey (1990)
LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, H. Michel ( 1994)

 

Viaje a tiempos remotos



Hace 40 años, en una vivienda de clase media, un niño de 10 años se entretiene leyendo. Está sentado una de las sillas de la sala, luce feliz porque es viernes por la noche e inicia el fin de semana de descanso escolar. Aunque a ese niño le encanta jugar como es lo normal en las personas de su edad, ha aprovechado ese día para leer sus libros favoritos.



Pero, no  lee solamente, está viajando. Viaja hacia un pasado lejano, a paisajes increíbles, fantásticos e intimidantes. Tiene a su disposición una máquina del tiempo cuyos controles son hojas de papel encuadernadas y protegidas por tapas. En cada una de esas hojas el niño contempla unas espléndidas ilustraciones de plantas y animales que vivieron hace millones de años.

 

Ilustración: Héctor Barceló

Aquel chiquitín, a la sazón el servidor que les escribe,     lee el   tomo seis de la enciclopedia  “El Mundo de los Niños”. Observa maravillado como era la Tierra hace 400 millones de años: plantas serpenteantes con ramas  en la espalda aparecen en un extraño humedal, tienen las raíces expuestas, ya que de los tallos salen unos delicados pelos que se introducen en el suelo para obtener agua. Más allá, el horizonte se extiende y se pierde en medio de la humedad. En el cielo, el Sol logra colar sus destellos de luz a través de las nubes bajas. 

Una estampa de nuestro planeta hace 400 millones de años. 




Las pequeñas manos pasan a otra página de aquel tomo. Un  bosque húmedo y lóbrego aparece, lo componen unos arboles  llenos de escamas. Son como unos  tallos que se bifurcan en varios brazos. En la lejanía, la  humedad se confunde con las plantas y el horizonte es difuso, oscuro y verdoso. 

Hace 350 millones de años podíamos encontrarnos con un bosque de lo más extraño.



Luego el niño cada vez más expectante  llega a la imagen de otro bosque, pero más colorido  que el anterior. Por fin hay árboles  con hojas, aunque  muy raras. Son muy altos, podría decirse que llegan al cielo, hasta 50 metros (!) Es el fantástico paisaje del periodo carbonífero. 

Una Meganeura, o “libédula gigante”, vuela entre los tallos bajo la sombra de la gigantesca arboleda. 




¿Y qué hay de los dinosaurios? En efecto, viene el tomo cinco de aquella espléndida enciclopedia, el que trata de los animales. Aparece, en primera instancia, un ecosistema marino prehistórico, peces con armaduras nadan en un ambiente lleno de vida.




Gigantescos Brontosaurios moran en los pantanos hace 155 millones de años y pterosaurios llamados  " Rhamphorhynchus” vuelan sobre el mar cazando peces.



Un espectacular combate entre un Triceratops  (izquierda) y un Tiranosaurio Rex (derecha) aparece a doble página. Para aquel niño que mira el libro es como si estos titánicos animales  se estuviesen moviendo realmente... El polvo levantado en el suelo por el retumbar de esas masas traspasaba  las páginas del libro (!)




¿Quién era el autor de estas espléndidas ilustraciones?
 Alex Ebel, ilustrador estadounidense (14 de noviembre de 1932 - 6 de diciembre de 2013) especializado en ciencia ficción y fantasía, aunque también era un experto en arte paleontológico. Hizo trabajos para prestigiosas publicaciones como "Space Science Fiction",  y "Fantastic Story Magazine."También hizo portadas de libros y de películas.¿Cuál era su técnica? Sin duda era el acrílico y el óleo. Creo que debió usar el aerógrafo también.

Las pinturas mostradas  en la presente crónica, muestran como era nuestro planeta prehistórico de acuerdo a los conocimientos de finales de los años 60s y principios de los 70s, época en que se realizaron. Creo que han envejecido relativamente bien.*  En lo artístico la calidad es excepcional, de un detallismo impresionante, un trabajo perfecto. 

A pesar del prestigio de Ebel, no se encuentra  mucha información sobre el. Parecería, muy a mi pesar, que era un personaje  desconocido. Tampoco he podido saber dónde se formó o si era un autodidacta. En la mencionada obra "El Mundo de los Niños", solo aparece su foto y un escueto texto acompañante:


“Alex Ebel está especializado en el dibujo de plantas y animales que vivieron en tiempos pasados. Todas las reproducciones de la sección de este libro titulada Plantas de tiempos pasados son obra de Ebel.”




Lo único cierto es que este artista, sin saberlo, ayudó que un niño de la clase media colombiana de los 80s viajara en el tiempo.







* Quizás a excepción del Tiranosaurio Rex que, según algunos hallazgos, tenía plumas; aunque, hay estudios que siguen defendiendo su imagen tradicional llena de escamas. Es un debate que sigue abierto.




martes, 7 de mayo de 2024

PIONEER KH-8855




En estas reminiscencias en homenaje a mi padre, he hablado de varios aspectos que enmarcan mis recuerdos. Uno de ellos son los aparatos y gadgets que el usaba. De hecho, era un  gran aficionado a la tecnología.  

Uno de estos maravillosos artilugios era el flamante equipo de sonido “PIONEER KH-8855”, un “centro musical” como lo llamaba la publicidad de la marca, modelo 1979 (aunque mi padre pudo haberlo comprado en 1980 o 1981).  Era de un aspecto metalizado, atiborrado de brillantes perillas y botones de aluminio. Venía incorporado con dos  indicadores analógicos de nivel de sonido, casetera, entrada auxiliar y una bandeja para los vinilos. Esta era de nivel profesional, con un brazo robusto dotado de contrapeso para variar la presión de la aguja sobre los surcos, muelles para darle estabilidad y evitar movimientos bruscos sobre el vinilo mientras gira.

Publicidad en ingles del producto, fíjense en los parlantes originales.

El equipo sintonizaba emisoras FM y AM, cuyas nomenclaturas estaban impresas en una gran pantalla rectangular   iluminada con luces led cálidas, como era la moda en ese entonces. Asimismo, tenía tres perillas para ecualizar el sonido: graves, medios y agudos, además de la gran perilla para el volumen. Al  pie del disco giratorio de la bandeja de vinilos, había dos botones para modificar la velocidad de reproducción, la cual podía ser monitoreada con  ayuda de  luz estroboscópica.  La calidad del sonido era excelente, con la potencia suficiente para abarcar la amplia terraza de nuestra casa. Se trataba de un producto de alta factura, solo para melómanos exigentes. Fabricado en Japón, llevaba el sello de la crema innata de la tecnología del gran país del lejano oriente. Actualmente el PIONEER KH-8855 es considerado un clásico, un objeto de culto entre los coleccionistas, por lo que conseguir uno en buenas condiciones no es ciertamente barato.

No por casualidad, mi papá escogió esta marca, ya que era un melómano consumado. Como no se conformaba con lo que su Pioneer traía de fábrica, decidió personalizarlo a su gusto. Defenestró los parlantes originales, que, si bien eran de buena calidad, no tenían la suficiente cobertura para desplegar toda la potencia del aparato. Así que el mismo construyó unos bafles más grandes y robustos. Según recuerdo, las bocinas principales eran de 12 pulgadas, unas 3 pulgadas más grandes que las originales.  También eran de mayor diámetro  los medios, además le adicionó   más Tweeters (brillos). Para el armazón mi papá escogió madera prensada, la cual forró con formica de textura de madera. La batería de bocinas, la tapó con  un armazón forrado de tela acústica negra. Mis recuerdos me traen a colación la imagen de mi progenitor trabajando los fines de semana en la terraza, clavando los paneles de madera (cuyo corte lo hacía en el taller de muebles de mi difunto tío Jesús), pegando la formica, ensamblado la acometida eléctrica, etc. El resultado fue un par de bonitos bafles, más guapos, más potentes  y de mayor tamaño. Con ellos, el PIONEER KH-8855 desplegó todo su poderío y fidelidad.


Recreación de los parlantes que mi padre fabricó para remplazar los originales.  


En navidad, carnavales, celebraciones especiales o un domingo cualquiera, mi padre llenaba de alegría nuestro hogar con su colección de música de los más variados géneros.  Entonces, el niño que fui apreciaba los bafles en la terraza, el equipo reluciente reproduciendo los  vinilos,  el destello musical cabalgando a través de la arboleda que adornaba la entrada de mi casa.

Foto de 1989, durante  mi cumpleaños numero 15, dos amigos vecinos de mi antigua casa bailan champeta.  Estábamos recién mudados.
Se aprecia uno de los bafles construidos por mi papá y el Pioneer KH-8855 


   

Bailando con mis hermanos, la flecha amarilla de la izquierda señala uno de los nuevos bafles del equipo del Piooner. 

Recordando los TV de la casa , parte I

En la crónica "El televisor Hitachi de perillas" de mi serie de remembranzas , mencioné  brevemente   algunos televisores que  tuv...