martes, 7 de mayo de 2024

PIONEER KH-8855




En estas reminiscencias en homenaje a mi padre, he hablado de varios aspectos que enmarcan mis recuerdos. Uno de ellos son los aparatos y gadgets que el usaba. De hecho, era un  gran aficionado a la tecnología.  

Uno de estos maravillosos artilugios era el flamante equipo de sonido “PIONEER KH-8855”, un “centro musical” como lo llamaba la publicidad de la marca, modelo 1979 (aunque mi padre pudo haberlo comprado en 1980 o 1981).  Era de un aspecto metalizado, atiborrado de brillantes perillas y botones de aluminio. Venía incorporado con dos  indicadores analógicos de nivel de sonido, casetera, entrada auxiliar y una bandeja para los vinilos. Esta era de nivel profesional, con un brazo robusto dotado de contrapeso para variar la presión de la aguja sobre los surcos, muelles para darle estabilidad y evitar movimientos bruscos sobre el vinilo mientras gira.

Publicidad en ingles del producto, fíjense en los parlantes originales.

El equipo sintonizaba emisoras FM y AM, cuyas nomenclaturas estaban impresas en una gran pantalla rectangular   iluminada con luces led cálidas, como era la moda en ese entonces. Asimismo, tenía tres perillas para ecualizar el sonido: graves, medios y agudos, además de la gran perilla para el volumen. Al  pie del disco giratorio de la bandeja de vinilos, había dos botones para modificar la velocidad de reproducción, la cual podía ser monitoreada con  ayuda de  luz estroboscópica.  La calidad del sonido era excelente, con la potencia suficiente para abarcar la amplia terraza de nuestra casa. Se trataba de un producto de alta factura, solo para melómanos exigentes. Fabricado en Japón, llevaba el sello de la crema innata de la tecnología del gran país del lejano oriente. Actualmente el PIONEER KH-8855 es considerado un clásico, un objeto de culto entre los coleccionistas, por lo que conseguir uno en buenas condiciones no es ciertamente barato.

No por casualidad, mi papá escogió esta marca, ya que era un melómano consumado. Como no se conformaba con lo que su Pioneer traía de fábrica, decidió personalizarlo a su gusto. Defenestró los parlantes originales, que, si bien eran de buena calidad, no tenían la suficiente cobertura para desplegar toda la potencia del aparato. Así que el mismo construyó unos bafles más grandes y robustos. Según recuerdo, las bocinas principales eran de 12 pulgadas, unas 3 pulgadas más grandes que las originales.  También eran de mayor diámetro  los medios, además le adicionó   más Tweeters (brillos). Para el armazón mi papá escogió madera prensada, la cual forró con formica de textura de madera. La batería de bocinas, la tapó con  un armazón forrado de tela acústica negra. Mis recuerdos me traen a colación la imagen de mi progenitor trabajando los fines de semana en la terraza, clavando los paneles de madera (cuyo corte lo hacía en el taller de muebles de mi difunto tío Jesús), pegando la formica, ensamblado la acometida eléctrica, etc. El resultado fue un par de bonitos bafles, más guapos, más potentes  y de mayor tamaño. Con ellos, el PIONEER KH-8855 desplegó todo su poderío y fidelidad.


Recreación de los parlantes que mi padre fabricó para remplazar los originales.  


En navidad, carnavales, celebraciones especiales o un domingo cualquiera, mi padre llenaba de alegría nuestro hogar con su colección de música de los más variados géneros.  Entonces, el niño que fui apreciaba los bafles en la terraza, el equipo reluciente reproduciendo los  vinilos,  el destello musical cabalgando a través de la arboleda que adornaba la entrada de mi casa.

Foto de 1989, durante  mi cumpleaños numero 15, dos amigos vecinos de mi antigua casa bailan champeta.  Estábamos recién mudados.
Se aprecia uno de los bafles construidos por mi papá y el Pioneer KH-8855 


   

Bailando con mis hermanos, la flecha amarilla de la izquierda señala uno de los nuevos bafles del equipo del Piooner. 

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