Se ha armando un revuelo debido al anuncio del ministro de
defensa Iván Velazquez y el presidente Gustavo Petro de dar luz verde a la compra de los cazas que remplazarán
los viejos Kfir de la Fuerza Aerea de Colombia (FAC). Aunque aún no se ha
firmado contrato, la decisión política está tomada. Una decisión a la que
rehuyó el entonces presidente Duque debido a la pandemia y al paro nacional.
La reculada y oportunismo del presidente
Varias reacciones se han suscitado, unas de apoyo a la
decisión y otras de desacuerdo. En esta última está la férrea oposición del ex
senador Robledo, quien desde tiempos de Duque condeno cualquier intento de
compra de aviones. Por otra parte, el ex candidato presidencial, Federico Gutiérrez,
manifestó que está de acuerdo, pero criticó el hecho de que el ahora presidente
Petro haya estado en contra cuando era candidato.
"La compra de aviones en medio de una crisis como la que
vivimos, es el máximo grado de irresponsabilidad de un gobernante",
trinaba efusivo el otrora candidato en campaña Gustavo Petro. Como he dicho en
esta tribuna de opinión esto no es raro en el, quien ha aprovechado de forma oportunista este “papayaso”
coyuntural para quedar ante la historia como
el presidente que “asumió el costo político” de modernizar a la FAC. Por eso,
no le importa lo que decía en campaña. No obstante, más allá de sus dislates demagógicos,
esta decisión que ha tomado resulta (en la opinión de algunos especialistas y políticos
de la oposición) correcta muy a pesar del costo oneroso en dinero que supondría
para las arcas nacionales.
Un tema técnico más que político.
El problema de Petro, tal como lo tienen la mayoría de
políticos de izquierda (incluido, a mi pesar, a Robledo en este tema en
específico), es creer que actualizar los sistemas de armas avanzados solo es necesario en caso de amenaza
internacional. No entienden que tener a punto las armas de la república es un
asunto de estado y una obligación del comandante en jefe. Esta tendencia viene
de viejos paradigmas de la guerra fría ya caducos. Creen que los cazas de superioridad aérea “solo
sirven para guerra internacionales”, cuando ahora no es así. Ahora, un F-16 o cualquier
avión que se compre puede servir para una guerra irregular como la que vivimos.
Pueden interceptar transportes de narcotráfico, ayudar en temas ecológicos
relacionados con nuestros mares, servir
de plataforma logística para operaciones de combate, entre otros múltiples usos.
La urgente necesidad de renovar la flota de los Kfir de la
FAC.
La FAC dispone para cuidar la soberanía nacional, vigilar la
extensas fronteras de nuestro país y otros usos, una flotilla de 12 cazas
israelíes multipropósito supersónico “Kfir”, adquiridos a finales de los 80s de
segunda mano. Desde entonces han sido re potenciados y modernizados para las exigencias
del panorama nacional. Ha sido un excelente avión y ha prestado de forma impecable su
misión, incluso, ha competido cara a cara con los cazas estadounidenses en las competencias
internacionales. Pero, el tiempo pasa y
cobra factura. La FAC ha sido contundente y, apoyada en parámetros técnicos, ha
emitido el concepto de que los Kfir deben ser remplazados en el corto y mediano
plazo, so pena de arriesgarse en un futuro a que la vida de los pilotos y la
comunidad se ponga en riesgo. Además,
que su vida útil solo llega hasta 2023.
Entonces, la necesidad de nuevos aviones para la FAC es,
técnicamente, inaplazable. Es un asunto que debía resolverse.
Los que se oponen.
La voz más elocuente y férrea que ha condenado la futura
adquisición de nuevos cazas es la de Jorge Enrique Robledo, ex senador de
izquierda que he ponderado en este espacio por su lúcida oposición frente a iniciativas
del gobierno de Petro como la reforma
tributaria, la política energética, la reforma electoral y la reforma política.
Pero en el tema que nos atañe, y esto es una opinión personal, se ha equivocado de plano. Cosa que me
extraña, dado que no es un político proclive a los espasmos populistas e
irracionales de su congénere ideológico
Petro.
En resumen, Robledo basa su posición en tres pilares fundamentales que parecen irrefutables:
*No es necesario comprar cazas nuevos porque Colombia no está
en guerra con nadie y no está amenazada por otro país. La reciente apertura
diplomática con un Nicolás Maduro (de quien se tenía temor) aleja
esa posibilidad.
*Comprar nuevos cazas supone un gasto oneroso que afectaría
la inversión social y otros temas urgentes para la nación.
*Por lo tanto, se puede aplazar la decisión para cuando las
circunstancias económicas lo permitan.
Ahora viene mi réplica, que es la misma de quienes justifican
la necesidad de las compras:
*La soberanía nacional y las fronteras de la república deben
ser vigiladas según mandato de la constitución. Sobre todo cuando, en nuestro caso, esas fronteras son muy
extensas y discurren a través de mar y tierra.
No importa si se está en guerra o no, deben ser vigiladas; máxime,
si tenemos rutas de narcotráfico activas y grupos irregulares que se esconden
en Venezuela y nos amenazan (a pesar del mejoramiento de las elaciones
diplomáticas con dicho país)
*Esta vigilancia la prestan aviones de combate de “superioridad
aérea” es decir, cazas que pueden volar largas distancias y a gran velocidad
con un enorme poderío letal en equipamiento armamentístico (misiles aire tierra,
cañones ) Colombia es un país extenso, por lo tanto solo este tipo de aeronaves
pueden desempeñar esta misión.
*Para el efecto, tenemos en servicio diez cazas israelíes Kfir
supersónicos de superioridad aérea, que se han desempeñado de forma impecable. Pero,
llevan algo más de 30 años de servicio y, tras varias repotenciaciones, han
llegado al fin de su vida útil que finaliza en 2023 . Lo dice el informe
técnico de la FAC.
*Teóricamente podríamos seguir operando los Kfir por diez años
más, pero a un costo grande y corriendo riesgos operacionales. La vida de los
pilotos puede ponerse en riesgo y la de la comunidad también. ¿No es mejor
remplazarlos? ¿Se justifica desproteger a la nación no solo de alguna amenaza
externa, sino, de los grupos irregulares y el narcotráfico?
Creo que la argumentación expuesta es contundente y justifica
la renovación de la flotilla actual de cazas de la FAC. Es bien cierto, y esto
puede tener razón Robledo, que el costo económico es alto, pero el rubro ya
estaba contemplado hace tiempo y hay formas de financiamiento que abarcan 10
años. Habrá personas que, no sin razón, dirán que el dinero pudo bien
invertirse en áreas sociales. El debate estará abierto por mucho tiempo, sin
embargo, la adquisición de este equipo va sustentada por factores técnicos y
circunstanciales que obligaban al presidente de turno a efectuarla. Es como
estar entre la espada y la pared.
Posdata: Para el servidor que escribe estas notas, no cabe duda que otra de las razones que tuvo
Petro fue el temor a Maduro. Si bien se han restablecido las relaciones con el
dictador, nadie sabe qué se puede esperar de él. Por eso no es coincidencia que, de
todos los oferentes, la propuesta
preseleccionada haya sido la de Francia con su caza “Rafale”. El más poderoso y
costoso de la lista junto al Eurofighter Typhoon (descartado desde el gobierno
de Duque). Aparato de alcance continental y modernísimo que haría una excelente disuasión
frente a los Sukoi venezolanos. No es que Petro, con sus absurdos ideológicos
heredados de su formación, haya llegado solo a tal conclusión. No, tuvo que
haber sido su estado mayor (no sin una alta dosis de persuasión y parla) el que
lo convenció de ello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario