
"Tiranosaurio Rex" (2013). Ilustración del autor de blog.
En los recuerdos de mi infancia
siempre han aparecido los libros, ellos estaban presentes en los estantes de mi
casa, en mi colegio y en mi mesa. Mi padre siempre tuvo la acertada costumbre
de comprarlos, el estaba suscrito a una editorial que le enviaba los libros por
correo casi todos los trimestres. Yo, por mera curiosidad, los leía u ojeaba.
Cierto día, me topé con el tomo dos de la Enciclopedia Temática, el cual tenía
un capítulo con un encabezado muy atractivo para un niño de 9 años: “Cuando los
reptiles dominaban el mundo”. Entonces, me emocioné, ya que dicho encabezado
iba acompañado por un dibujo que representaban a dos lagartos gigantes
envueltos en un feroz combate. Seguí pasando páginas, vi otras ilustraciones de
aquellos moustros; estaba sorprendido, jamás había visto en otro libro, o en la
TV, cosa semejante. Comencé a leer, comprendí que se trataba de dinosaurios,
término que significa “saurios aterradores” y que hace referencia a unos
grandes animales de sangre fría que vivieron en la tierra hace millones de
años.
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| "Spinosaurus" (2021). Ilustración del autor de blog. |
Desde entonces, sentí gran
atracción por ellos, me moría por saber cómo llegaron existir, cómo vivían, qué
comían, de que color eran, cuantas clases existían; en fin, mi pequeña cabeza
bullía en medio de un torbellino de pensamientos e interrogantes. No paso mucho
tiempo, cuando empecé a dibujar dinosaurios e incluirlos en las tramas de mis
comics. Mi situación favorita era imaginar que mis personajes retrocedían en el
tiempo, hasta llegar al periodo jurásico, y se topaban con un Brontosaurio, o
un Tiranosaurio rex. También me encantaba visionar la situación en la cual, un
dinosaurio, por algún motivo, se encontraba transportado de repente a la época
actual y causaba conmoción entre los habitantes del lugar donde apareció (a
propósito, en la segunda parte de la trilogía cinematográfica “Parque Jurásico
II, el mundo perdido” podemos ver que esta situación se presenta cuando un
Tiranosaurio Rex se escapa de sus captores humanos y va a parar a un suburbio)
Pasó el tiempo, leí otros libros,
fui acumulando conocimientos, y me convertí en una especie de erudito en
dinosaurios. Me aprendía los extraños nombres con que los científicos los
identificaban, y me vanagloriaba después con mis amigos de saber algo que ellos
ni siquiera conocían. En aquella época no había en la TV serias referencias de
dinosaurios, y las que había estaban en los libros. Ahora la situación es bien
diferente, ya que en muchos medios de comunicación ellos aparecen tan bien
representados, que parecen reales. Nada vean los tres filmes de “Parque Jurásico”,
las series del canal “Discovery”, así como diferentes publicaciones ilustradas,
videojuegos etc.
Permítanme hablar más de
Parque Jurásico y Discovery. Realmente es sorprendente como sus realizadores
recrean un dinosaurio con gran precisión científica, cuidando los más ínfimos
detalles, animando con gran verosimilitud sus movimientos. Es algo que ni en
sueños hubiese visto yo en 1984, cuando era un niño. Por esa época, los efectos
especiales no permitían tal hiperrealismo. Sólo a principios de los 90s
descolló la nueva tecnología digital que permitió darle verdadera vida visual a
los dinosaurios, tal como se demostró en la primera parte de la mencionada
trilogía de Parque Jurásico, estrenada en 1993.
Algo más sobre los saurios
aterradores
En 1842, el naturalista inglés
Richard Owen acuñó el conocido término de dinosaurio a estos seres, cuyos
enormes huesos y esqueletos lo había impresionado. Desde entonces, se han
encontrado muchos fósiles más, revelando así que existían gran cantidad de clases
y subclases de dinosaurios. Para sintetizar, podemos empezar por exponer las
dos grandes clases de dinosaurios: los “saurisquios” y los “ornitisquios”.
Los saurisquios fueron los de más
grande desarrollo, se dividen a su vez en terópodos, o dinosaurios bípedos y
los saurópodos, o dinosaurios cuadrúpedos. Los terópodos empezaron por ser
dinosaurios muy diminutos, tanto, que uno de ellos, el “compsognato” (“quijada
elegante”) tenía nada menos que el tamaño de un pollo.
Sin embargo, conforme transcurrían
los millones de años, iban creciendo en tamaño, alcanzando, ya para fines del
cretáceo, el tamaño aproximado de una avestruz actual. Uno de los terópodos más
conocidos con estas dimensiones, fue el “ornithomimus” (“imitapájaros”) Tenía
una cabeza pequeña, un pico desdentado, un largo cuello, unas fuertes patas,
antebrazos con dedos y una larga cola. Ciertamente su aspecto debió ser muy
extraño, como si fuese una gran ave, pero sin plumas, ni alas. Sin embargo,
este singular ser no representaba lo máximo en dimensiones en cuanto a su
clase, para nada. El honor se lo lleva el popular “tiranosaurio rex” (el “gran
saurio, el rey”) el cual, como los demás terópodos, se apoyaba en dos patas.
Pertenecía a la serie de los “carnosaurios”, o dinosaurios carnívoros.
Ciertamente ha sido el más feroz y temible cazador de la historia de la tierra,
con su boca armada de filosos dientes de centímetros podía darse le lujo de
engullirse cualquier presa. Además de sus dos colosales patas, el tiranosaurio
tenía una cabeza de 120 centímetros y una gran cola; se ha calculado que el
largo total de su cuerpo era de 14 metros. Curiosamente, sus miembros
superiores eran minúsculos (no más largos que un brazo humano), acaso solo para
servir de nada. Este animal es, sin duda, el más emblemático y popular de los
dinosaurios. No pocos personajes le han rendido culto, uno de ellos (muy leído
por mí) fue el gran escritor y científico Isaac Asimov, el cual dejo constancia
que, cuando se sentía estresado o preocupado, se tranquilizaba visitando el
enorme esqueleto de tiranosaurio que hay en el Museo Americano. “Yo sé lo que
exactamente debo hacer…” decía Asimov al respecto “ La experiencia me lo ha
enseñado. Es el momento de llevar a cabo la visita al tiranosaurio.” Yo también
me incluyo entre los que evocan este excepcional animal, nada más fíjense en la
pintura que ilustra el encabezado de este artículo: la hice yo, y muestra al
saurio rey en toda su grandeza y esplendor.
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"Tiranosaurio Rex" (2003), basada en una pintura de Charles R. Knight. Ilustración del autor de blog. |
Bueno, ahora pasemos a ver los
saurópodos. Eran dinosaurios de cuatro patas, cabezas pequeñas, largos cuellos,
cuerpos desproporcionados y colas largas. Sus dimensiones eran colosales,
parecían grandes masas que se desplazaban pesadamente por los paisajes húmedos
de esos tiempos. El más conocido de estos animales era el brontosaurio, palabra
que significa “saurio del trueno”. Pesaba unas 35 toneladas, medía 18 metros
desde la cabeza hasta la punta de la cola. Su imponente cuerpo estaba sostenido
por cuatro patas colosales, de las cuales las dos traseras eran más altas que
las dos delanteras. La cabeza era tan diminuta que, sólo podía albergar en su
interior un cerebro no mayor que un huevo de gallina. Pero el brontosaurio
tenía otros colegas afines a el en cuanto a tamaño, entre ellos destacaba el
diplodoco (de las palabras griegas que significan “doble soporte”). Era más
largo que el brontosaurio, ya que sumaba unos 33 metros desde la nariz hasta la
punta de la cola. Por lo tanto, su cuello, al igual que la cola, eran muy
largos y delgados. Pero, este animal no era el más grande del séquito de los
saurópodos, ya que había otro que, aunque más corto, era más macizo y alto: el
braquiosaurio, cuyo nombre significa “saurio con brazos”. Este dinosaurio tenía
la particularidad de tener los miembros delanteros mucho más largos que los
traseros, de ahí su nombre. Con sus 80 toneladas, pesaba más que el
brontosaurio. Medía unos 22.5 metros de largo y podía elevar su cabeza a 12
metros de altura, suficiente para asomarse por una ventana de un cuarto piso.

" Quetzalcoatlus" (2021). Ilustración del autor de blog.
Sin duda alguna el braquiosaurio
es el animal más grande que jamás haya existido en la historia de la tierra. Su
caminar seguramente hacia temblar el suelo como un sismo, estremeciéndolo con
cada paso. Debió ser difícil para el y sus homólogos (el brontosaurio y el
diplocodo) desplazarse con esos enormes y pesadísimos cuerpos; por lo que, lo
más probable, es que hayan pasado la mayor parte del tiempo metidos en el agua.
Así, podrían soportar mejor sus pesos, además de protegerse de los feroces
carnosaurios.
A pesar de que el braquiosaurio,
el brontosaurio y el diplocodo, tenían un aspecto realmente moustroso, en
realidad eran probablemente tan inofensivos como una vaca lechera. ¿Por qué?
Por su condición de vegetarianos, es decir que sólo comían plantas. No tenía
por qué cazar presas para sobrevivir. Si retrocediésemos en el tiempo en que
vivían, y nos topáramos con uno de ellos, no nos harían daño a propósito, tal
vez ni les llamásemos la atención.
Pasemos a hablar de la otra gran
clase de dinosaurios: los ornitisquios. Su característica fundamental es que
eran herbívoros, es decir que no presentaban el aterrador semblante de los
carnosaurios en el cual, los dientes feroces y las grandes mandíbulas estaban a
la orden del día. Eran, entonces, estos pacíficos herbívoros seres desprovistos
armas ofensivas. Tenían comúnmente mandíbulas anchas y chatas, propias para
manejar su dieta vegetal. Uno de los más conocidos dinosaurios de este tipo fue
el “anatosaurio”, o “lagarto ánabe”. Cualquier observador apresurado y profano
lo hubiese confundido con un tiranosaurio, sin embargo nada más diferente
porque era completamente inofensivo. El anatosaurio medía unos 5 metros de
altura y, al igual que los terópodos, se sostenía sobre dos grandes patas.
Como lo hemos dicho, los
ornitisquios eran dinosaurios que carecían de armas ofensivas. Razón por la
cual, algunos de ellos solo dependían de su habilidad para escapar de los
carnosaurios; sin embargo muchos tenían armas defensivas, como placas, cuernos
o corazas, que a la postre podrían ser más efectivas que los otros recursos de
protección.
Hay dos ejemplos típicos de
dinosaurios con armas defensivas: el “estegosaurio” y el “triceratops”. El
estegosaurio era cuadrúpedo, herbívoro, de unos 9 metros de largo, 3 de alto, y
pesaba más que un elefante; sin embargo, esas dimensiones relativamente grandes
no eran proporcionales al tamaño de su cabeza. Sí, en efecto, esta era
ridículamente diminuta, tanto, que alojaba sesos que no superaban en tamaño a
los de un pollo actual.
La característica más relevante
de este dinosaurio era la presencia en su dorso de una hilera de placas óseas,
las cuales posiblemente servían de protección como si fuesen las piezas de un
tejado (precisamente, la palabra “estegosaurio” significa “lagarto con tejado),
de tal forma que si un carnosaurio atacara, sólo bastaría mostrárselas para
neutralizarlo. Esto me lleva a imaginar la escena en que un hambriento
dinosaurio cazador se estrella estrepitosamente contra esas placas, y termina
herido. Pero el estegosaurio tenía otra arma que mostrar ante sus predadores:
dos filosos espigones óseos en la punta de su cola, con los cuales podía
provocar graves heridas al atacante. Si quieren ver cómo los utilizaba, pueden
remitirse a la película “Parque Jurásico II, el mundo perdido”, donde aparece
una espectacular escena en la que un animal de estos lanza un coletazo a la
heroína y esta lo evade por un pelo.
Por otra parte, el triceratops
(término que significa “de tres cuernos” ) era un dinosaurio grande y fuerte.
En el hocico tenía un cuerno corto y grueso, y otros dos en la frente que
medían hasta un metro de largo. Este singular animal avanzaba sobre cuatro
patas robustas, a manera de un paquidermo. Las delanteras eran especialmente
robustas, ya que debían soportar el peso de la enorme cabeza, cuyo tamaño era
desproporcionado con respecto al resto del cuerpo. Era herbívoro, arrancaba
brotes y hojas con su boca parecida a un pico de loro para luego triturarlas
con los dientes ubicados en el fondo de la boca.
Así como en el caso del
estegosaurio, el triceratops tenía un arma defensiva de gran eficacia: la gran
coraza ósea que le protegía las paletillas. Esta coraza podía soportar los
tenaces golpes de otros dinosaurios como el tiranosaurio rex. A propósito
¿Nunca se han imaginado un combate entre un tri rex y un triceratops? Debió ser
un espectáculo dantesco, que muy seguramente debió hacer temblar la tierra. ¿Y
cual de los dos ganaría? No sé lo que piensen los expertos, pero yo creo que el
triceratops llevaba las de ganar. Sus puntiagudos cuernos podían causar al tri
rex graves heridas, además su placa repelaría las garras y zarpas. A lo
anterior se le suma el hecho de que podía desarrollar una tremenda embestida a
35 Km/ hora, lo cual, sumado a su peso y a sus armas defensivas, bastaba para
vencer al más fiero carnosaurio, aunque se tratase del gran saurio rey.
Hemos visto en este texto algunos
de los dinosaurios más representativos y más comúnmente citados. Si quisiera
abordarlos a todos, tendría que escribir un libro entero. Hay otras clases de
estos animales cuyas características son atractivas, ahí tenemos el
“pterodáctilo”, un verdadero lagarto volador; el ictiosaurio, un lagarto
marino; el “parasaurolophus”, el “Cetiosaurio”, el “megalosaurio”…etc. La lista
es larga, y es por tal razón que continuaré refiriéndome a los saurios
aterradores en otro apartado de este compendio.
No hay discusión en cuanto al
atractivo de los dinosaurios, tanto para el profano, el aficionado y el
experto. Las características de estos animales, que rayaban en lo descomunal y
feroz, tal vez no se repitan en la historia del planeta. Sólo nos queda verlos
en las series televisivas, las películas y por supuesto ¡En la imaginación!
Todas las ilustraciones son de Héctor Barceló.
Publicado originalmente, con actualizaciones posteriores, el 28 de septiembre de 2007 en la primera versión de mi blog "Diplocodus"
Para más información:
Los lagartos terribles, Issac Asimov.
La verdadera historia de los dinosaurios, Alan Charig