lunes, 27 de abril de 2026

Hace cuarenta años




El 26 de abril de 1986 ocurrió el accidente de Chernóbil (Ucrania) , la central nuclear más potente de la antigua Unión Soviética. Un acontecimiento contribuyó , sin duda, a la futura desintegración de la URSS dado el tremendo golpe político que significó.

Los reactores nucleares de la central tenían defectos de diseño y las autoridades los sometían a evaluación periódica, mediante simulacros, a fin de medir que tan fiables eran. Las pruebas de años anteriores a 1986 dieron resultados negativos, los reactores eran inseguros en caso de una interrupción accidental o fallo. Esto lo sabían las autoridades atómicas de la URSS, quienes en vez de arreglar técnicamente el problema, insistieron en realizar una prueba más. Los administradores de la central de Chernóbil sentían presión para que se dieran buenos resultados.

El simulacro se programó para la madrugada del 26 de abril. Viktor Bryukhanov, director de la central de Chernobyl; Nikolai Fomin, Ingeniero jefe ; Anatoly Dyatlov, Ingeniero jefe adjunto, se propusieron a toda costa mostrar un parte favorable de la prueba. De esta forma, tenían la garantía de que obtendrían beneficios del aparato burocrático del gobierno. Dyatlov fue en persona a la sala de control del reactor numero 4 para dirigir las operaciones. Se intentó simular un corte de suministro eléctrico para verificar si las turbinas podían alimentar las bombas de agua de refrigeración. Asimismo, a fin de recrear un estado de emergencia, redujeron la potencia del reactor a niveles considerados inestables y se apagaron sistemas de seguridad vitales.


El reactor se forzó al máximo a las órdenes de Dyatlov y, debido a las fallas de diseño, se empezó a volverse inestable (peligro de explosión debido a una reacción de fisión sin control). Ante esto, el supervisor Alexander Akimov activo el botón AZ-5 (Defensa de Emergencia Rápida 5) un recurso de “freno de emergencia” para intentar estabilizar el reactor. Sin embargo, de nuevo por el mal diseño del reactor, esta acción aceleró la reacción nuclear en vez de estabilizarla, lo que condujo la explosión final que voló el núcleo. Cabe aclarar que los operadores que hacían turno esa madrugada no sabían nada de esos defectos de origen, no los habían preparado para la prueba. Hicieron lo que su entrenamiento y experiencia les indicaba.

Gran parte de las causas del siniestro se divulgaron al mundo después de la caída de la URSS merced a las memorias testimoniales del científico soviético Valeri Legásov, miembro clave de la comisión gubernamental creada para investigar las causas del accidente y adoptar las medidas necesarias para minimizar sus efectos. El desastre expelió a la atmósfera una gran nube radiactiva, lo que obligó a evacuar la ciudad dormitorio de Pripyat (construida para alojar a los operarios de la central y sus familias), la ciudad de Chernóbil y los habitantes en un área de 30 kilómetros a la redonda. Hubo que construir dos sarcófagos (el original en 1986 y el más robusto en 2018) encima del destruido reactor número 4 para contener los efectos de la radiación.

Hoy día, los cuatro reactores de la central de Chernóbil están inactivos y Pripyat es una ciudad fantasma.


Posdata: El nombre oficial de la central nuclear era: “Central Térmica Nuclear Memorial Vladímir Ilich Lenin”), pero ha sido siempre conocida como “Chernóbil” por la ciudad homónima que se situaba a tres kilómetros de las instalaciones.

La central nuclear de Chernóbil tenía una potencia instalada de 3515 megavatios (MW) casi cuatro veces más que los 918 MW de TEBSA, la mayor termoeléctrica de Colombia.




miércoles, 22 de abril de 2026

Calculadoras

 


Hay un aparato electrónico  al cual, siempre fui aficionado y por el que  tuve un gusto especial: la calculadora de bolsillo.Hace unos 36 años se percibía como una maravilla tecnológica, pues con ella  podíamos resolver no solo las operaciones básicas matemáticas y trigonométricas, sino, otras más complejas. Hace unos 38 años era fascinante para el suscrito tener una calculadora de bolsillo, palpar ese pequeño instrumento era motivo de satisfacción y alegría.

Las calculadoras de bolsillo  evolucionaron  principalmente  en la década del  1970.  La LE-120 (1971), producida en Japón y la  HP-35 (1972) fueron  hitos fundacionales de estos aparatos en cuanto al uso generalizado entre el público. El ejercicio del cálculo personal había reemplazado  las  reglas de cálculo y sumadoras mecánicas por cómodos y pequeños aparatos que usaban en sus pantallas tecnología LEDs y posteriormente LCD.

Tratar la compleja historia de la calculadora de bolsillo no es el objeto de este texto, pero podemos resumir, en líneas generales, su discurrir evolutivo en los siguientes hitos:

  • Aparece en algún momento de la prehistoria el ábaco,  la primera máquina de cálculo de la historia.
  • En 1642 Blas Pascal desarrolla la “Pascalina” (sumas y restas)
  • Charles Babbage diseña en 1832 su maquina analítica la cual, no llegó a construirse, pero representó un avance para el futuro diseño de  calculadoras.
  • En 1945 se pone en operación en Estados Unidos  la Calculadora Electrónica (ENIAC), considerada la primera máquina  de calcular en emplear  íntegramente  la electricidad.
  • Texas Instruments presenta en 1967 la calculadora portátil “CAL-TECH”
  • Años setentas, aparición y  popularización de modelos de bolsillo como la mencionada  HP-35 (1972), primera calculadora de mano capaz de realizar funciones trigonométricas y logarítmicas. Por su parte, Texas Instrumentos lanza la TI-2500.
  • Era moderna, calculadoras Digitales: Integración en computadoras, relojes y teléfonos móviles.

 

Ya en los años ochenta, época donde discurrió la  infancia del servidor que les escribe, las calculadoras de bolsillo estaban muy perfeccionadas. Si algo me emocionaba en esa época era recibir de regalo una de esas maravillosas máquinas. Haré en consecuencia un recuento de mis calculadoras y como llegaron a mí.

 Si no estoy mal, fue en 1989 cuando le pedí a mi padre una calculadora de regalo de cumpleaños. Era un modelo básico de seis funciones marca CASIO de color blanco, delgado y de diseño elegante.  Tenía una tapa negra que protegía la pantalla y el teclado, se abría como un librito cada vez que se iba a usar.  No recuerdo su  referencia exacta, pero probablemente era una  HS-8VA en su variante alimentada  por baterías (había otra variante de alimentación solar) ¿Y para que  deseaba este servidor con una calculadora? En aquel año cursaba noveno grado, así que no era muy necesaria para algebra, entonces la usaba para hacer cualquier cálculo que se me ocurriera o necesitase. Hacia las cuentas referentes a la merienda que me daban todos los días, cuanto podía gastar, cuánto dinero me sobraba todos los días. También para sumar notas y sacar promedios, en fin, siempre le encontraba utilidad en el diario vivir.


CASIO básica, probablemente de la referencia HS-8VA, mi regalo de cumpleaños de 1989.
(recreación realizada por del autor basada en sus los recuerdos)

En 1990  iba  recibir clases de trigonometria en el colegio, así que debía hacerme a una calculadora científica para trabajar con funciones trigonométricas. Empecé a usar una que era de mi padre  para las nuevas exigencias escolares. Se trataba de  una calculadora marca  AURORA, de color metalizado, reluciente y delgada. Como era común en los modelos de esa época, traía una tapa estilo solapa como la CASIO. Era un aparato muy potente y completo. La pantalla era grande, de diez dígitos. Además, podía hacer cálculos más grandes, ya que manejaba notación exponencial. Como en aquel entonces me volví fanático  la serie “Cosmos” de Carl Sagan, no tardé en hacer cálculos convirtiendo años luz en kilómetros para tener una idea más cercana a la realidad de las distancias estelares. No puedo recodar  la referencia exacta de la AURORA. Investigando en la Internet, podría suponer  que fuese una de la serie SC 100P.

 

Calculadora científica AURORA (probablemente de la serie SC 100P). Representación
realizada por el autor del texto basado en sus recuerdos.

Pero aquella bonita máquina de calcular no iba a durarme todo el año. Transcurriendo el mes de agosto, según recuerdo, la extravié en el colegio. Quizás se salió del maletín, o la dejé en alguna parte. Siempre he sido, y aún lo soy, despistado y distraído. Como necesitaba una calculadora para las consabidas funciones trigonométricas, mi padre  prometió comprarme una.

Fue un sábado de 1990,  salí en la mañana con mi padre en su Nissan Patrol modelo 1982. Primero llegamos a un almacén de repuestos donde mi progenitor compró un carburador para el carro, luego fuimos al entonces famoso centro de ventas tecnológicas “San Andresito” a buscar la calculadora. Dimos con la CASIO fx-82D FRACTION, un modelo robusto “de combate” pensado específicamente para estudiantes. De ocho dígitos, alimentada por dos pilas AA, esta calculadora no era esbelta y plana , pues era relativamente grande (para que le cupieran las dos pilas) en comparación con los modelos tradicionales. Presentaba la novedad de estar protegida por un estuche rígido con una gran tapa  la cual, se abría para usar el teclado. En este caso, mis recuerdos son más precisos, puedo decir con bastante seguridad que ese fue el modelo que mi padre me compró aquel día.  

 

CASIO fx-82D FRACTION de 1990, igual a la que tuve (recreación del autor con base a recuerdos)

Después de graduarme de bachillerato tuve más calculadoras, siempre tengo alguna a la mano. Tuve alguna vez la CASIO fx-82 TL, más delgada que la fx-82D y con una cubierta deslizante que se retiraba para usar la calculadora. Cabe anotar que a partir de los 90s se popularizaron modelos bastante económicos, de marcas genéricas que se venden en grandes cantidades en los comercios populares. Cuestan unas 5 cinco veces menos que las CASIO originales, pero son fiables y relativamente durables. 
Actualmente tengo varias de este tipo, todas científicas.

Calculadoras científicas genéricas (propiedad del autor del blog)

La incorporación de muchas funciones matemáticas  a los celulares inteligentes condena a la calculadora de bolsillo a desaparecer. La gente prefiere hacer cálculos básicos en su móvil que cargar otro aparato para el mismo fin. No obstante, seguiré siendo fan a este maravilloso artilugio.

 

sábado, 11 de abril de 2026

Mc Giver

 

Ilustración y montaje del autor del texto

Soy una persona de evocaciones, un nostálgico de toda la vida que ha querido revivir los bellos recuerdos de  infancia en esta serie de crónicas. Una persona que, además,  rememora en ellas la figura noble de su finado padre; hombre abnegado y entregado a su familia,  cuya recursividad e inteligencia le permitió superarse en la vida profesional y personal.

Uno de los aspectos que más recuerdo de mi papá es su  extraordinaria habilidad para  la manualidad, el desarrollo de soluciones ingeniosas, así como  la construcción de  útiles artilugios: aquella gran antena, la acometida para la  planta eléctrica,   una  bomba alternativa de pistón, etc.  En los siguientes párrafos, haré un recorrido nostálgico por aquellos inventos y cosas, razón por la cual escogí el sustantivo “Mc Gyver”  para bautizar la crónica. Esto en alusión a la popular serie de TV de los 80s y 90s donde el personaje protagonista homónimo  solucionaba problemas y salía airoso de situaciones usando su ingenio, exactamente lo que hacía mi padre a quien, por ciento, le gustaba la serie.


La antena de TV

Este invento ya fue descrito en profundidad en una crónica pasada llamada “La súper antena de papá” que pueden encontrar en  este blog, buscándola por el título en la etiqueta “remembranzas”. Mi progenitor  fue durante toda su vida un especialista en construcción de antenas, las  cuales salían de sus prodigiosas manos  con una factura perfecta. De haber querido, habría tenido un próspero negocio de ventas de estos artilugios.


En un fin de semana podía armar una antena de aluminio, usando tan solo una segueta, prensa, un remachador, ángulo, lápiz y metro. No usaba planos, todo estaba en su mente. Si estoy mal, armó unas 5 antenas, la última de las cuales yace aún en el techo de mi casa derribada por el paso del tiempo.


Maquetas funcionales de bombas de agua

En el colegio donde estudié organizaban una feria científica todos los años en el mes de octubre. Los estudiantes debían presentar proyectos  que se basaran en principios físicos, que fuesen funcionales, además de prácticos. Al enterarse mi padre de esto, se le ocurrió construir una pequeña bomba centrífuga para mi proyecto. Como su rol en la empresa donde laboraba versaba sobre bombas, turbinas y compresores, quién más que él para ayudarme.

Yo sabía lo que era una bomba centrífuga gracias al libro “Cómo funcionan las cosas” (que describo en la crónica “!Ahí vienen los libros!”) , así que no me sería difícil sustentar el proyecto ante el público. Mi padre se puso manos a la obra e inició la construcción  de la primera de sus bombas en miniatura, ya que en los siguientes años hizo otra para mí y para mi hermano menor.

Recreación de la bomba según mis recuerdos 

El invento causó sensación en mi colegio. Recuerdo que lo presenté en una feria intercolegial que se realizó en un colegio femenino (qué emoción). Ante un público de chicas hice mi demostración y quedé en  el segundo lugar. La delegación que fue en representación de mi escuela estuvo conformada por este servidor, el profesor de ciencia…Y unos  tres colados que se  pegaron para escapar de un examen de trigonometría.

Para la feria del año siguiente, mi padre construyó una bomba alternativa de pistón y dos años después hizo otra de ese tipo, pero mucho más perfeccionada.


Estampados

Tengo un recuerdo lejano,  pero verídico, en el que mi padre decoraba pijamas con personajes de Disney. En ese entonces, el servidor que les escribe pensaba que esos muñecos eran dibujados a mano. Sin embargo, nunca vi pinceles ni tarros de pintura en la casa. ¿Cómo diantres, me preguntaba,  hacía  mi papá para plasmar a Pluto y Mickey en la pijama de mi  hermana? Las imágenes eran perfectas, demasiado para ser producto de pinceladas; no había trazos de pintura, ni líneas imprecisas . ¿Qué ocurría?

Lo más extraño de todo era que a veces encontraba en el patio unos marcos de madera con un lienzo  muy fino y tensado. En algún momento, no recuerdo cuando exactamente, supe que esos marcos tenían que ver con la impresión de las figuras , ya que  mi padre vertía un pigmento sobre ellos  y regaba la tinta sobre  el lienzo usando un pedazo plano de madera. Todo esto lo hacía mientras tenía   la pantalla o marco  puesto sobre    la tela de la pijama.

 Como lucía una de las pijamas estampadas, según mis recuerdos.

En realidad, lo que mi progenitor hacía era emplear la técnica del screen o serigrafía para fijar figuras sobre las pijamas de mi hermana (en ese entonces aun éramos dos hermanitos de un total de cuatro). Esta técnica fue, hasta el advenimiento de los modernos métodos de estampado sobre tela, la más usada para decorar ropa. No obstante, se requería muchísima práctica para obtener resultados óptimos, además de que  entrañaba  un procedimiento  complicado. Aún así, sin trabajar nunca en el ramo del diseño textil y dedicándole solo los días libres, mi padre dominó la técnica de una forma completamente autodidacta.   Esto tiene más merito aún si tenemos en cuenta que  las ilustraciones debían ser primero dibujadas o calcadas con  tinta china sobre papel pergamino antes de plasmarlas, con lo cual, también debía manejar bien la plumilla o el rapidògrafo. 


Llave para desenroscar los cables de las cajas decodificadoras

Este fue uno de los inventos más recientes de mi padre, de hecho, aún lo conservo. El TV cable llegó a la casa en 1994. En un principio, la acometida que surtía la señal se conectaba directamente a los televisores, pero, con el paso del tiempo la empresa proveedora del servicio  instaló unas cajas decodificadoras para estos. 





Resulta que el receptor macho de la caja, a donde iba acoplada la terminal hembra del cable, tenía un protector que impedía cualquier manipulación. En consecuencia, solo el uso de una  herramienta especial, que   tenían los técnicos de la empresa, permitía desconectar la caja de la acometida.

Mi padre advirtió esta situación  y se puso manos a la obra. Buscó una pequeña lámina de latón y, usando sus herramientas, la dobló sobre sí misma hasta obtener un cilindro; seguidamente, hizo unas muescas en una de los extremos de este de tal forma, que encajasen en la tuerca de la terminal hembra del cable. El dispositivo resultó de maravilla, ya que de una forma fácil y rápida desenroscábamos aquellas cajas si, por ejemplo, queríamos cambiarla de televisor sin necesidad de llamar al servicio técnico. 


La máquina de soldar

Esta es la ganadora, la más impresionante de las cosas ingeniosas que hacía mi padre. El siempre manejó el concepto del “taller a lo americano”, es decir,  que el garaje  se convertía  en área de trabajo una vez se  haya sacado el vehículo. Este concepto lo asimiló seguramente de la revista “Mecánica popular” (la cual siempre me compraba, no sin antes sacarle información) o del visionado de series y películas  norteamericanas. Bueno, cierto día sabatino me asomé al patio de la casa,  mi padre había sacado muy temprano el Land Rover del garaje y empezó a trabajar en algo muy extraño; un balde  lleno de agua ,  cables y varillas metálicas aparecieron ante mí. De repente, una voz atronadora e imperiosa  me detuvo: “!cuidado, no metas las manos en el  balde!”  



Representación de la máquina de soldar en acción, según recuerdos del autor del blog

 
Diagrama de la máquina (ilustración del autor del texto)


En efecto, en aquel recipiente había  sumergidos dos electrodos que, a su vez, estaban asidos a dos cables de alta tensión; uno conectaba a la toma de corriente y otro a una punta de soldar, mientras que otro cable independiente del balde, y unido a un caimán, estaba igualmente conectado a la toma. Mi padre entonces cogía con el caimán  la pieza que quería trabajar  y con la punta soldaba. Aquello era un espectáculo de luces y chispas que iluminaba todo el garaje. Con razón, nos  prohibía tajantemente al suscrito y sus hermanos estar en aquel taller improvisado mientras usaba la máquina. 

Después de tantos años, recordando aquella escena, me sorprende sobremanera saber que  con ese rudimentario artilugio mi progenitor construyó las rejas de la casa(¡)

 

 Los indicadores del Trooper

En agosto de 1992 mi padre llego a la casa conduciendo  su recién adquirido  carro, un Chevrolet Trooper modelo 1989. Era una versión semi estándar, pero con algunos aditamentos citadinos como el aire acondicionado y  la cabina de fibra de vidrio.   El vehículo era  muy majo, de color negro, con estribo, botes y dos  llamativas calcomanías  pegadas  a ambos lados  de la carrocería; un adorno que seguramente fue  puesto  por el antiguo dueño y que, dato  curioso, no disgusto a mi padre quien decidió  dejarlo.

No obstante el excelente estado del carro y su imponente presencia, le faltaban algunos aditamentos propios de la versión DLX de lujo como los eleva vidrios, el nuevo diseño del  timón y el juego de tres  indicadores adicionales del panel de instrumentos. En efecto, el carro de mi papá solo traía el velocímetro,  el tacómetro y las luces testigo. Nada más.

Como mi progenitor siempre personalizaba y mejoraba  lo que compraba, quiso hacer lo mismo con su vehículo. Primero, mando a colocar los eleva vidrios, después compro de segunda (pero en excelente estado) un timón de Tropper DLX… Pero, faltaba algo.  Aquella cabina estándar lucia escueta sin los tres indicadores que estaban ubicados, en la versión DLX, en un pequeño espacio  empotrado en la mitad del tablero. Comprar un juego  de segunda saldría difícil porque habría que buscar pacientemente a alguien que  estuviera dispuesto a venderlo. Conseguirlo nuevo era demasiado costoso porque tocaría comprar todo el tablero. Bueno, si algo no se puede conseguir, se hace. Tal fue la premisa de mi padre. Decidió construir el mismo el juego. Dispuso de un pedazo rectangular  de latón al que le hizo tres orificios para acomodar los indicadores  , seguidamente curvó sus bordes, dándole un grosor y un aspecto más industrial. Compró  los relojes indicadores, era tres: presión de aceite, temperatura del motor y nivel de gasolina.


Aspecto que tendría el tablero de instrumentos del Chevrolet Tropper de mi padre con el nuevo timón y el juego de tres indicadores que el mismo construyó.




Set de indicadores hechos por mi padre: presión de aceite
temperatura del motor y carga de batería. Reconstrucciones según el autor del texto.



Panel original: presión de aceite , temperatura del motor y nivel de gasilona.

Con  las partes dispuestas, armó todo  y pinto la pieza con laca de color negro mate; la colocó en su lugar  en el tablero y luego se sumergió en las entrañas del carro para conectar  debidamente  los sensores, cables y guayas de los indicadores.

 Recuerdo que al ver el juego de  tres relojitos en el centro de la cabina,  me parecieron  muy curiosos. No obstante ser diferentes de los originales, tenían su toque especial. En la noche, iluminados con su luz verdosa, lucían muy bonitos  y no desentonaban para nada. Ahora, mi padre estaba satisfecho porque su Chevrolet Tropper  semi estándar tenía todas las ventajas interiores de la versión de lujo.

 Quizás hay más soluciones ingeniosas que recordar las cuales no descarto exponer en una segunda entrega, pero las reseñadas acá son las que marcaron mi infancia y adolescencia al lado de mi padre.

 





Cuando los colores fluyen en el aire, parte I

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