Desde temprana
edad, he tenido inclinación hacia el dibujo y la expresión gráfica; no es algo
que se me haya enseñado, simplemente, nació en mí de forma maravillosamente
espontánea, como si Dios lo hubiese puesto. Con el paso del tiempo he ido
perfeccionando esa inclinación, especialmente desde que estudié diseño gráfico.
De las largas horas de práctica y estudio, aprendí a usar la acuarela, los
rotuladores, los colores, los pasteles, el aerógrafo y los Software de pintura;
asimismo, descubrí (y aún lo hago) los misterios de la figura humana, de la
perspectiva, de la teoría de los colores etc. No es de extrañar entonces que se
haya desarrollado en mí una gran afición por el arte y todo lo que tenga que
ver con él.
A lo largo de esta antología de sancochos
temáticos, evocaré y comentare aquellas obras artísticas que siempre me han
llamado hondamente la atención. Estas pueden ser de géneros variados como:
pinturas, esculturas, obras arquitectónicas, filmes y hasta comics.
En este
texto me ocuparé de una obra que me ha impresionado mucho, un óleo sobre lienzo realizado por
el pintor español Esteban Murillo hacia 1645, en pleno Barroco; le han dado
varios nombres, pero el más común es “Niño espulgándose”, el cual se encuentra expuesto en el Museo de Louvre de París. Representa a un niño indigente, sucio, vestido
con harapos, que se ha refugiado en el interior de un edificio abandonado para
buscarse unas pulgas que se le han pegado al cuerpo y que lo mortifican con sus
picaduras. Debido al uso de fuertes contrastes de luces y sombras (al mejor
estilo tenebrista) que empleó Murillo en la pintura, se advierte un ambiente
triste, solitario, y hasta melancólico. Me llama poderosamente la atención la
forma como la luz proveniente de la abertura que está a la derecha, se posa
sobre el cuerpo del niño transformándolo en una imagen llena de sombras
dramáticas. La maestría con que está desarrollada la pintura, el oficio,
la perfecta aplicación de la técnica, demuestra sin ambages la grandeza de Murillo y, en general, de los maestros del pasado.
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Detalle del rostro, notese los claros del cabello que indican la presencia de sarna u otras afecciones en la humanidad del niño.
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| Vasija, frutas y cesto admirablemente resueltos. |
Es una obra sublime, que expresa tragedia y
ternura al mismo tiempo, lo cual es meritorio para Murillo, ya que logra
enlazar estos dos aspectos perfectamente. Podemos entonces apreciar que, en
medio del drama, se consigue mostrar una ternura congénita que no escapa de la
mirada del espectador. Ahora bien, esta pintura la hizo Murillo en su natal
Sevilla, en momentos en que la ciudad española vivía una situación terrible de
pobreza y miseria. La peste había hecho estragos en la población, y muchos
niños quedaron huérfanos, deambulando por las calles, buscando (y robando)
cualquier cosa que pareciese comida. No es de extrañar entonces que Murillo,
dominado por su espíritu sensible, se sintiera impulsado a retratar a esos
pobres infantes. Se puede decir que esta tela constituye una verdadera obra de denuncia social.
“Niño espulgándose” me lleva lamentablemente a
evocar mi propio entorno , donde habitan
esos niños callejeros y hambrientos, que se conforman con cualquier mendrugo de
pan o cualquier moneda. Cada vez que veo a uno de ellos, no hago otra cosa que
recordar esta pintura inigualable.
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| La obra desembarcando en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, España, 2009 |
Posdata: Con algunas modificaciones, este artículo es el mismo que publiqué en enero de 2009 en mi otro blog "Artiscrópolis".
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