Es posible que esta luna
galileana, la más pequeña del
gigante Júpiter, contenga en su interior
un océano subterráneo de agua en estado líquido
el cual, puede estar lleno de vida.
Júpiter,
el gigante gaseoso, es un sistema solar malogrado que pudo ser y no fue. Por
eso, se explica en parte por qué tiene tantas lunas. Estas lunas son en sí,
lugares interesantes de exploración para el hombre. La volcánica ÍO, Calixto,
Gamínedes y muchas más, representan el repertorio de esos pequeños mundos
jovianos. Pero hay una luna que se destaca claramente entre todas las demás:
Europa. En efecto, esta luna, cuyo nombre es el mismo que el del viejo
continente, posee unas características sumamente atractivas. La más
sorprendente de ellas es la de ser un posible albergue de vida pluricelular.
| Representación Artística de la superficie de la luna Europa (Meta AI /concepto del autor del blog) |
Europa, la luna Galileana más pequeña, carece de montañas, valles y cráteres. En vez de eso, presenta una superficie helada y extraña, cuyas características se resumen así: lisa como una bola de billar, cuarteada como una vasija vieja de porcelana y, lo más peculiar, surcada por muchas grietas. Estas se abren en la corteza de hielo y probablemente son llenadas con agua desde abajo. Las exploraciones y estudios llevados a cabo por la NASA, indican que esa corteza de hielo se formó debido a que, en tiempos primigenios, la luna sufrió un periodo de intenso calentamiento que hizo burbujear el agua desde su interior para luego helarse constituyendo una espesa cubierta. Cuando esta cubierta de hielo se expandió, a causa de otro brote de calor, el agua invadió las grietas y se volvió a helar formando un entretejido de líneas. No pocos científicos piensan que existe un océano de agua en estado líquido debajo de la capa de hielo y que contiene formas de vida pluricelular. ¿Se imaginan eso, un universo inmenso lleno de seres acuáticos?
| Estructura de Europa. |
Para visualizar bien la cuestión, se puede hacer una sencilla experiencia: Coja un vaso de vidrio y llénelo de agua, seguidamente guárdelo en el congelador de la nevera. Espere unas horas, saque el vaso para observar el fenómeno. Observará que en la superficie del agua se ha formado una capa de hielo, mientras el fondo permanece en estado líquido, aunque muy helado.
Fíjese
bien en la capa de hielo ¿Tiene algo así como grietas? Sí, en efecto, hay
ranuras y grietas. Ahora, con su dedo fracture la capa y vuelva a meter el vaso
en el congelador, espere unas horas más y saquéelo. Podrá comprobar que, donde
se hizo la fractura, se ha formado hielo nuevo. Bueno, esto es esencialmente lo
que se ve en la luna Europa: una capa de hielo encima de un océano profundo
cuyas grietas abiertas se han rellenado de hielo nuevo merced al agua que brota
permanentemente del interior y se congela. ¿Habrá vida en ese océano? Es
probable que el agua esté muy fría, cosa que puede ser contraproducente para la
existencia de seres vivos. Pero, recientemente, científicos de la NASA piensan
que esta luna tiene un núcleo caliente que puede ser un activo germinador de
vida. Esto quiere decir que Europa tiene actividad volcánica en el fondo del
océano, como sucede con las grietas volcánicas de los mares de la Tierra.
Observaciones
de las naves Voyager y Galileo indican que, probablemente, el océano de Europa
podría tener entre 90 y 100 Kilómetros de profundidad. Muchísimo más que la
máxima profundidad medida en los océanos terrícolas, que es de 11 Kilómetros.
Ahora ¿Cómo será el aspecto de ese océano? ¿Un paisaje marino azulado y
negrusco? ¿Un mundo solitario o poblado de seres vivientes?
| Superficie de Europa (imagen de la nave Juno) |
Por
ahora, no tendremos una respuesta exacta a tales interrogantes. Tal vez debamos
esperar cierto tiempo, cuando una nave espacial aterrice en la superficie y se
interne, como un topo, en la capa de hielo hasta llegar al océano subterráneo,
momento en el cual, se convertirá en un submarino. Posiblemente encuentre
algunos peces semejantes a los que poblaban los mares de la tierra hace 450
millones de años, tal vez se tope con uno muy parecido al Teraspis o al
Thelodus. O quizás se encuentre de frente con un animal marino, del tamaño de
un tiburón ballena, nadando majestuosamente en las frías aguas, exhibiendo sus
grandes branquias y su curioso aspecto; pero, de pronto, solo perciba seres
modestos semejantes a los Dinoflagelados, cuya presencia apenas se note cuando
los faros del submarino atraviesen con su potente luz las aguas europanas.
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