miércoles, 15 de febrero de 2023

Cuando un amor platónico traspasa el velo del tiempo

 

La   curiosa historia de la musa de Boticelli


Recreación libre de Simonetta pintada por el autor del blog, Héctor Barceló.
  

Para quienes hayan tenido la gran fortuna de visitar la    galería Uffizi, en Florencia Italia, debe ser una experiencia sobrecogedora apreciar “El nacimiento de Venus” ( 1485–1486) del gran pintor italiano renacentista  Sandro Boticell. Esta pintura  ha sido aclamada a lo largo de la historia como una de las  más hermosas que haya podido ser concebida, es de esas obras que cumplen cabalmente la premisa clásica del arte: crear belleza. Pero, detrás de este portento de inspiración, se escondería la historia de un amor; por lo menos, según se ingiere de la obra y vida de Botilleci. 

                                      

¿La  beldad  desnuda que aparece como protagonista en esta magnífica pieza de arte  es producto de la fantasía del pintor o fue inspirada en una mujer real? El consenso de los historiadores es que fue inspirada en Simonetta Cattaneo que fue una musa y modelo de artistas del Renacimiento italiano. Se trataba de una joven muy admirada en su época por su gran belleza, la cual encajaba en el ideal renacentista. No hay datos precisos sobre el lugar y fecha de su nacimiento, pero el consenso es que posiblemente nació el 28 de enero o el 30 de marzo en Génova o, según otra hipótesis, en Portovenere Italia (según algunas versiones, el nombre de esta ciudad tiene que ver con un antiguo templo dedicado a la diosa Venus) Era hija de Cattocchia Spinola y el noble genovés Gaspare Cattaneo Della Volta. No se sabe casi nada de su infancia, la cual se presume que fue sin afujías dada la posición social de sus progenitores.

 

En abril de 1465, a  los  16 años de edad la jovencita contrajo nupcias con Marco Vespucci, hijo de Piero Vespucci, quien fue, según versiones de algunos autores, pariente lejano del famoso explorador Amerigo Vespucci. Sin duda tubo que ser un matrimonio concertado, dada la prominencia del pretendiente, quien, en un viaje a Génova, quedó inmediatamente  prendido por aquella lindeza cuando la vio  por primera vez.

 

Hay versiones que ubican el casamiento de la  pareja en la Iglesia genovesa  de San Torpete para después  establecerse en Florencia, otras fuentes dicen  que primero   se establecieron en esta ciudad y posteriormente se casaron.  En todo caso allí, en el ambiente florentino lleno de arte y cultura,    Simonetta Vespucci (ya usando el nombre de casada) causó  impresión despertando admiración por su bello semblante. Personajes como los hermanos Lorenzo y Juliano de la poderosa familia de los gobernantes Médici cayeron fascinados. La anécdota más difundida que demostraría esta fijación, cuenta que Juliano de Médici actuaba personalmente en un torneo al estilo caballeresco medieval y  durante el desfile previo al combate, su escudero llevó un estandarte pintado por Boticelli donde se podía apreciar el rostro de Simonetta representando a la diosa Minerva sosteniendo la cabeza de Gorgona bajo el lema La Sans Pareille (La Sin Igual).


Como era de esperarse, Juliano fue uno de los “vencedores” del torneo y dado que Simonetta era la dama por la cual luchaba, salió elegida como “Reina de la belleza”. Desde entonces la popularidad de aquella chica forastera creció como espuma y empezó ser modelo requerida de varios artistas prominentes como Piero di Cosimo y los hermanos Domenico y David Ghirlandaio. Sin embargo, el que más la admiró fue Sandro Botticelli que la pintó insistentemente en varias de sus obras. Es tanta la prevalencia de esta actitud, que ha llamado la atención de los historiadores de arte.

            

No se sabe con precisión donde y como el pintor italiano  conoció a Simonetta,  ¿llegaron a ser presentados? ¿Solo la conocía de lejos? Lo  cierto es que le causo gran fascinación. La imagen, quizás la sonrisa, los ademanes y la mirada de la chica quedaron grabados para siempre en la mente de Sandro Boticelli. Los artistas suelen ensalzar  la belleza y convertirla en una fijación  idealizada, en este contexto no es difícil  imaginar a un Boticelli viviendo una especie de  “amor platónico” (si aceptamos el significado coloquial del término) por una mujer joven y bonita. Si bien, hay hipótesis  que afirman que solo se trató de una admiración de tipo artístico y estilístico, lo que se acepta comúnmente es que fue algo más que eso.

 


  El enamoramiento, infatuación o admiración de Boticelli hacia su musa tiene ingredientes llamativos como el hecho de que, al parecer,  ella nunca posó para él. ¿Por qué, si era un artista reconocido  en los círculos donde se movía su mujer admirada, no solicitó que fuese su modelo?  Podría  haber usado su influencia con los Médici para conseguir que posara para  él. Quizás no hizo gestiones para acercarse a ella pensando que algún día lo haría, tal vez fue aplazando ese momento...  Hasta que ocurrió lo impensable.


La  agraciada dama   que llenaba de luz los círculos artísticos y sociales de la alta nobleza florentina se apagó y paso a la vida eterna el 26 de abril de 1476, a los 23 años. Se cree que su deceso fue provocado por una tuberculosis, aunque en realidad no se sabe exactamente el diagnóstico. Se especula que también pudo ser la peste, incluso, hay quien ha propuesto la rocambolesca idea  del envenenamiento (¿celos de su marido? ¿Enemistad de su suegro con los Médici? ) El lamentable deceso  conmovió a la sociedad de Florencia donde le realizaron un funeral destacado. No obstante, el marido de Simonetta, Marco Vespucci (que “desaparece” de escena durante todo el tiempo que el matrimonio vivió en la ciudad) volvió  a casarse muy pronto. De hecho, se desconoce  su reacción ante la avalancha de halagos  o pretendientes  advenedizos de los que seguramente fue objeto su esposa.  Quien de verdad debió sentirse herido en esos momentos fue Boticelli, porque a partir de la infortunada fecha es cuando podemos encontrar en su producción obras con la imagen de Simonetta.

 

Padeciera que la muerte de la joven “activó” en el artista lo que sentía por ella, algo que tal vez, como ya insinué anteriormente, no se atrevió a manifestarle cuando estaba viva. De esta forma, obtuvo la motivación para retratarla en forma de diversos personajes en sus pinturas temáticas (aunque hay un cuadro expresamente dedicado a la difunta).  El servidor que escribe estas páginas cree que eso es lo que pudo haber pasado. Boticelli en realidad estaba homenajeando o evocando a su doncella admirada, a la musa que presuntamente amó y admiró en silencio.


Pos data: Quedan muchas preguntas en el tintero, por lo que no descarto una segunda parte de este tema. ¿Pintó Boticelli  de memoria el rostro de Simonetta en el estandarte de Juliano Médici? ¿O Juliano le facilitó la oportunidad de que Simonetta le posase para pintarla mejor?  ¿Juliano y Simonetta tuvieron algún affaire? Examinando las pinturas de Boticelli, es claro que antes de la muerte de Simonetta, otro rostro hace el papel de vírgenes y otros personajes femeninos de sus cuadros. ¿Era otra modelo?¿Y si es así, de quien se trataba? 







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