domingo, 24 de diciembre de 2023

El proyector

                                                                   

            

Imagen de aquel juguete, según mi memoria

Recordando una jornada navideña de antaño


Afortunadamente para este servidor y sus hermanos, mi finado padre fue una persona disciplinada y trabajadora. Por eso logró a base de esfuerzo y estudio, hacer una exitosa carrera   en una importante empresa de la ciudad. De esta forma, tuvo  siempre los recursos económicos para comprarnos juguetes buenos en navidad. Mi mente retrocede a los años 80s, a un 24 de diciembre de ensueño, en aquella casita de esquina cubierta de una agradable arboleda. Entrada la tarde, mi padre ya se alista para la jornada. Compra whisky, naranjas, hielo, pólvora y los insumos para el sancocho para que mi mamá se encargue, junto con una vecina, de tener el manjar para la noche.  Desde la tarde enciende su poderoso equipo de sonido “Pioneer”, el sol se filtra  sobre la arboleda, proyectando manchas de luz sobre  el piso de la terraza que se mueven al vaivén de la brisa decembrina. Mientras tanto, yo juego con los amiguitos de la cuadra, entro y salgo de mi casa, voy al parque a saltar…

Recreación de los walkie talkie


 La tarde agoniza, llega la vespertina.  Mi mamá nos llama para limpiarnos y cambiarnos. Nos ponemos ropa  nueva, así que salgo muy majo a la terraza a disfrutar del ambiente. Los bafles están afuera, suena música navideña. Mi padre pone a sonar los acetatos. Algunos vecinos llegan a la casa, hay alegría y un ambiente inolvidable. De vez en cuando pruebo las naranjas puestas en la mesita junto a la botella de whisky. Hoy día, su sabor me hace retroceder a esas épocas.


Hacia las 11 de la noche, mi papá nos manda a acostar , porque “de lo contrario, el Niño Dios pasa de largo y no deja los juguetes” . Obedecemos, nos ponemos las pijamas  y nos acostamos. Sin embargo, me cuesta conciliar rápido el sueño pensando en los regalos…



Cuando entran por la ventana los primeros atisbos de luz del nuevo día, se aprecian  unas bolsas en   nuestras  camas. No esperamos más y las abrimos. ¡Son los regalos del Niño Dios!  Para mí el regalo era un proyector, un brillante revólver de juguete “38 largo” de chequitas y unos “walkie-talkie“ que también eran de mi hermano menor. Aquel aparato formaba en la pared imágenes merced a unas diapositivas. Recuerdo que eran unas historietas  en color que se pasaban a través de una ranura. Las ilustraciones  se veían  muy  nítidas y grandes. Fue la sensación de la cuadra.


Estuve usando toda la mañana el proyector, luego, en la tarde, jugué con los walkie talkie: me iba para el parque y me comunicaba con mi hermano menor que estaba en la terraza. Tuve tiempo para jugar con el revólver de checas. 

 

Los proyectores de juguete eran muy deseados en los 80s





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