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| Crédito: Adam Dubec |
En otro apartado de estas remembranzas me refería a la cometa
como uno de los artilugios favoritos de mi infancia. Pero, también hubo otro,
más sofisticado quizás, que marcó mi
vida en esos felices años: la bicicleta ("bi-", prefijo latino que significa
"dos". "kyklos", palabra griega que significa
"rueda". "-ette", diminutivo francés.). Nadie puede afirmar que desconoce lo que
es una bicicleta, ese curioso vehículo de dos ruedas tan común en nuestras
vidas.
Veamos lo que dice el “Gran diccionario de las ciencias ilustrado
a color”, magnifica enciclopedia, dispensada por mi finado padre: “Velocípedo de dos ruedas , de las cuales la
trasera, provista de uno o varios
piñones, es movida _mediante una transmisión de cadena_ por una rueda de
dientes (plato) accionada con los pies.” Una acertada y técnica definición. Sin
embargo, omitió la principal característica de este vehículo, que es la precesión.
La precesión,
ese extraño movimiento que ocurre en los objetos giratorios. Si sostenemos una
rueda giratoria por su eje y tratamos de cambiar su dirección, veremos que no
podemos cambiar su dirección.
De esta
forma, un ciclista (o en su defecto, un motociclista ) puede conservar la
posición vertical al tiempo que se desplaza. Lo hacemos de forma espontánea
cuando permitimos que la rueda delantera del vehículo gire sobre su propio eje.
De esta forma, los giros hacen que funcione la precesión, corrigiendo la
inclinación y permitiendo que se mantenga el equilibrio.
Si estamos
transitando en nuestra la bicicleta y
paramos la marcha ante un semáforo, la precesión no funciona y tendremos que
poner los pies en el suelo. Hay ciclistas expertos que pueden mantener el
equilibrio en reposo, pero en este caso, el efecto no se logra con la
precesión, sino, mediante otros factores.
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| Partes de una bicicleta. |
Este vehículo
tiene una historia interesante. Se dice, según algunas fuentes históricas, que
la primera bicicleta fue construida por
el alemán Karl von Drais en 1790, bautizada como "dandy horse".
Hacia 1830, el escocés Kirkpatrick
MacMillan agregó pedales a la bicicleta. En 1860, el francés Pierre Michaux
creó la primera bicicleta con pedales y ruedas de hierro. Entrado el sXIX , la
bicicleta se popularizo en Europa y EU. Con el tiempo se introdujeron la rueda
de seguridad (1878), la cadena de transmisión (1885) y los neumáticos (1890s)
Hoy día la bicicleta sigue vigente y es
más asequible que en los tiempos de mi infancia, dada la cantidad de opciones que hay.
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| Bicicleta de Pierre Michaux |
Bicicleta de los años 1890s
Volviendo
al tema de la nostalgia, retrocedo en el tiempo. Me encuentro en 1983, las
bicicletas eran, quizás, los objetos más deseados por los niños. Para ese
entonces, ya había recibido como regalo de navidad diversos juguetes: un juego
de armar tanques de guerra, un simulador de bombardero con visor y bombas
incluido (los juguetes bélicos estaban de moda) un carrito a control remoto,
etc. Como he dicho antes, mi padre no escatimaba en gastos a la hora de vernos
felices los 25 de diciembre. Pero, faltaba mi bicicleta.
Quería una, pero había que esperar hasta el mes de diciembre para tenerla, pues
mi papá me había dicho que el “Niño Dios” me la traería para dicha fecha.
Recuerdo que el flamante caballito de hierro apareció el 25 de diciembre de 1983 en la sala de mi casa (en otro capítulo narraré la experiencia de aquella noche de navidad) La bicicleta era hermosa, marca “5A”, el marco era de color amarillo, los guardabarros, cachos y rines eran niquelados; el sillín, el espaldar y los manubrios era del mismo color del marco.
En cada manubrio, a manera de adorno, iban adosadas dos mechas de coloridas hebras de plástico. También, aquel vehículo iba dotado de un paral y un timbre. Mi padre, que a veces se jactaba de sus regalos, me dijo que era una de las ciclas más bonitas y costosas que había en el mercado. El comentario me confundió, pues me pregunté si era el Niño Dios o mi progenitor el que me daba el regalo. Para recomponer mi inocencia, me dijeron que entre la deidad navideña y mi papá lo habrían costeado.
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Quien les escribe estas líneas montando su bicicleta 5A en algún momento de 1984. Foto tomada por mi padre (probablemente con una cámara réflex ZENIT) |
“Rin, rin,
rin” trina el vistoso timbre de mi bicicleta. Son los días siguientes a la
entrega del fabuloso regalo y aun no aprendo a montarla por mi cuenta. Recuerdo
que la empleada doméstica de mi casa me sostenía mientras yo pedaleaba algo miedoso. Al fin,
entrado el año nuevo, aprendí a dominar la bicicleta. Todos los fines de semana
(mi padre no me permitía jugar con la bicicleta los días de semana) la sacaba
en las tardes sabatinas y domingueras para recorrer la senda peatonal que
estaba paralela al parquecito que colindaba con mi casa, luego, me devolvía y
subía con impulso la pendiente de la entrada del garaje de la casa.
Inicialmente, paseaba solo en el parque, sin embargo miraba
calle abajo y sentía el impulso de salir
a explorar. Sin avisar a mis padres, un día me avente y llegué a los límites de
mi barrio (¡) Con el tiempo fui más lejos y hasta visitaba a compañeros de
escuela. No obstante, todo acabo cuando nos mudamos a la nueva casa en 1988. Como no conocía el nuevo entorno, no me
atrevía a salir, de esta forma la
bicicleta estuvo un tiempo s in usar. Esto, más los cuatro largos años que ya
tenía de uso, hicieron mella en su estado: aquellos brillos se llenaron de
oxido, aquella pintura amarilla palidecía y se cuarteaba; las llantas se
desinflaban, los radios se opacaban.
Transcurrió el tiempo,
me fui dando confianza hasta que llego
el momento de querer salir otra vez. Recuerdo que en mi padre remodeló la bicicleta. Hizo unos
cambios: la pintó de azul, le cambió el sillín por uno negro, así como el
soporte de este por uno más corto (ver fig. 2) Otros cambios fueron los
frenos y las llantas. Así, con mi cicla renovada volví a las calles. Las
distancias recorridas se extendían. Los viernes salía con mis
compañeros de escuela a manejar nuestros caballitos metálicos.
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| Fig 1.Configuración original de mi bicicleta 5A. |
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Fig 2. Primera modificación.
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| Fig3. Segunda modificación. |
En un momento
dado, creo que en 1992 (ver fig. 3), le puse a la bicicleta un sillín corto en remplazo del largo que había estado usando hasta
entonces y que, además, era también del mismo diseño que trajo originalmente de fábrica. Mi querida máquina viajera ya acumulaba 9 largos años de trajín,
hasta lucía opaca la pintura azul que le
aplicó mi papá. Me estaba quedando pequeña. Su marco de sinuosas líneas estaba
diseñado para niños y adolescentes, no para un hombre de 18 años. No recuerdo exactamente qué pasó con aquella
bicicleta, solo se que ya no estuvo más en casa. Quedó para siempre en el baúl de los recuerdos.