¿Quién no ha fantaseado con retroceder en el
tiempo y
Cambiar algún suceso o simplemente vivir
nuevamente
los recuerdos?
Unos
de los recuerdos que más me enternecen son los acaecidos en la vieja casa de mi
infancia: el parque donde jugaba, mis amigos de la cuadra, los vuelos de cometa,
la navidad, los partidos de futbol callejero…Y tantas bellas escenas. A veces
imagino cómo será vivir de nuevo la experiencia, retroceder
el tiempo y, como un observador independiente, situarme en aquel parque. Verme
a mí mismo como un niño manejando mi bicicleta “5 A”, mientras mi padre lavaba
su querido “Land Rover” y mi madre me
llamaba a gritos para comer.
Para
el laureado escritor y divulgador científico Issac Asimov, la experiencia no
sería muy agradable, en su libro “La
visita al Tiranosaurio” dice que si retrocediéramos al tiempo de nuestros
gratos recuerdos de infancia o juventud encontraríamos que “ los padres no seriamos como lo recodamos, ni
nuestra familia, ni nuestros amigos, ni nuestros alrededores. Todo será más
pequeño, más opaco, menos interesante.” Esta
afirmación puede tener algo de sentido,
pues siendo ya adulto fui en diversas ocasiones (antes de que lo demolieran
para construir otro) al viejo parque
donde jugaba en la niñez y me parecía muy
pequeño en comparación a la percepción de inmensidad que tenía en aquella época.
Pero, aún así, me seguía enterneciendo. Tal vez Asimov tenga más razón si, por
ejemplo, retrocedemos en el tiempo para ver concretamente a nuestros padres,
¿serían como los recordamos? Volvamos al ejemplo del párrafo anterior, si
escondido convenientemente veo a mi papá lavar su “Land Rover”, ¿lo veré igual como lo recuerdo? Yo creo que no, aunque
lo reconociera plenamente, quizás lo vería algo extraño.
Y
si, tratando de que nadie me vea, recorriera la vieja cuadra, observara la
vieja casa, quizás sentiría todo diferente y opaco. No estaría viendo las cosas
como el niño que era, sino, como el adulto que soy. Me daría cuenta de que el
viaje en el tiempo tendría un componente sicológico a raíz del choque entre el recuerdo y la cruda
realidad. Como dice Asimov, perdería lo que tenía en la memoria por primera
vez.
¿Si
lo que deseamos es cambiar un suceso, una decisión mal tomada, una acción de la
que nos arrepentimos? Sobre este interrogante se han hecho innumerables
películas y novelas, pero acá diré que eso es imposible o daría un resultado
imprevisto e indeseado. Por ejemplo, cuando mis padres decidieron mudarse del
viejo vecindario para una casa más grande y cómoda, yo me opuse. Apenas entraba
en la adolescencia y deseaba seguir viviendo con mis viejos amigos y el
ambiente en el que pasé la infancia. Si ahora retrocediera en el tiempo para
impedir ese suceso, es decir, evitar que se hubiese producido la mudanza para
quedarnos en la vieja casa, ¿qué pasaría? Habría consecuencias que no desearía ciertamente. Creo que tal vez no
hubiese seguido cultivando mi talento para el dibujo y tal vez en la actualidad
no sabría dibujar como lo hago. En efecto, al llegar a la nueva casa ya no
andaba tanto en la calle y me dediqué con pasión a practicar. Volvamos a citar
a Asimov, quien en el mencionado libro “La
visita del Tiranosaurio” dice: “Para poner un ejemplo muy simple: decidimos
borrar de nuestras vidas a un marido que no nos satisface, pero quizás el nos
haya proporcionado el hijo que adoramos. ” Cambiar un suceso pasado para remediar un mal
del presente tendría consecuencias impredecibles…Y puede que muy desagradables.
En el ejemplo que acabo de citar, se iría
el esposo indeseable, pero de tajo desaparecería ese hijo amado.
Otro
gran ejemplo de este fenómeno de los viajes al pasado se da en “Volver al futuro II” cuando el viejo
Biff regresa a 1955 a entregarle a su par joven el calendario de resultados
deportivos con el fin de enriquecerlo. Las consecuencias son catastróficas,
pues no solo muere el viejo Biff, sino, que se crea un 1985 alterno donde el
joven Biff ha evolucionado en un personaje poderoso y corrupto en un ambiente
distópico. Jugar con los intríngulis del
tiempo puede resultar muy delicado, así que agradezcamos que aún no existan
máquinas del tiempo.
Para más información:
El tejido del Cosmos, Brian Greene (2017)
Hiperespacio, Michio Kaku (1993)
La visita al Tiranosaurio, Issac Asimov (1991)
Agujeros negros y tiempo curvo, Kip Thorne (1994)

