martes, 8 de marzo de 2022

El fotógrafo


La hermosa costumbre de mi padre de retratar

cálidos momentos  de nuestra infancia.

Un día soleado de 1979 o 1980, tal vez un domingo en la mañana, salimos mi hermana y yo a jugar en la terraza con el triciclo. Mi padre, con la Kodak Ektralite  siempre lista, nos retrató mientras sonreíamos.

La mayoría de las personas guardan fotografías de su infancia, documentos que retratan un momento  de una época pasada y añorada. Escenas guardadas en la memoria visual de un papel fotográfico que nos transporta años en el pasado, portales que son capaces de revivir  recuerdos que hace brotar lágrimas de nostalgia o emoción. Aunque no hubiese cámara fotográfica en la familia siempre había la posibilidad , previa contratación de un fotógrafo, de tomarles fotos a los niños en el día de su cumpleaños, la primera comunión o el grado de primaria. Por tal motivo tal vez muchas de estas estampas atesoradas por la gente correspondan solo a fechas especiales y  quizás no muchos se reservan el privilegio de guardar fotos casuales y espontáneas. 

 Kodak  Ektralite (ilustración de Héctor Barceló, autor del blog)

                               

Mis hermanos y yo si tuvimos ese privilegio gracias a nuestro padre. Desde siempre le gustó la fotografía , según me contó en vida, llegó en una época a revelar sus fotos el mismo. Cuando nos mudamos a la casa donde nos criamos mi padre se hizo a una cámara fotográfica  muy popular en ese entonces. Era toda una revolución, todos la querían tener y era la mejor opción en cuanto a fotografía familiar por su calidad y precio: la “Kodak Ektralite”. Su tamaño práctico, ideal para portar y manejar en cualquier parte, su facilidad de uso y su operación económica la convirtieron en una moda.

 



 Usaba el conocido formato analógico 110, diseñado para ser manejable y fácil de cargar en las cámaras debido a su tamaño reducido. Recuerdo ese rollo, su forma curiosa; a mí siempre me parecieron dos carretes pequeños de hilo unidos por una extensión, tal como se ve en la gráfica. 

La Ektralite venía con un flash integrado y era heredera de la guerra fría, ya que utilizaba un mecanismo similar a las cámaras espía que permitía disparar y avanzar la película. Vio la luz en el mercado en 1978  y se vendieron durante 10 años. Importada de USA, pudo llegar a Colombia ese mismo año o más probablemente en 1979. Generalmente, tenía un objetivo de f/11 de 25 mm y un obturador de dos velocidades ( 1/125s y 1/210s) . No tengo el dato exacto de cuantas tomas se podía sacar  con esta cámara, pero la información que se consigue dice que 24 imágenes. Estas eran reveladas por mi papá en un tamaño de unos 9 x 9 cms,  el tiempo las ha cubierto de un matiz amarillo que he corregido digitalmente para reproducirlas en el blog y hacerlas parecer como se veían originalmente.

Mi padre sabía encuadrar las escenas para lograr una composición adecuada de 
las fotografías, no por casualidad utilizó la perspectiva de la reja para dar profundidad
a la escena. Esto lo hizo agachándose al lado de la misma.



Otro ejemplo de composición; nótese que de forma deliberada mi padre incluyó
el Land Rover en la imagen, la idea es indicar que estamos listos para el paseo dominical.


Quizás un  día domingo  luminoso y feliz de 1982,  tomando refrescos "Canadá Dry"  
bajo la protección de la sombra.


Mi padre  tenía permanentemente la cámara lista con su rollo puesto, no esperaba a que cumpliéramos para retratarnos. Cualquier día del año era propicio para ello. Tal vez, eran más valiosas para él las fotos espontáneas y casuales, las estampas de la vida diaria. Una mañana, al son de la brisa de aquella amplia terraza y con el fondo iluminado por el cielo azul, podía sorprendernos con el "clic" de aquel artilugio. Las imágenes resultantes eran de gran ternura y nostalgia. Aún conservamos muchas de esas pequeñas postales.



Reverso de la foto superior con el sello de Kodak, el año y mes
de revelado (mayo de 1979)

                                                                         

Con el tiempo, la "Ektralite" fue remplazada por otras cámaras. Hacia 1984 llegó a  manos de mi progenitor una  "Polaroid", la cual ganó en un sorteo de una marca de crema dental. Este aparato hacía algo fantástico:   revelaba y positivaba la toma capturada  en apenas 60 segundos. Recuerdo que la foto era expulsada después de la obturación y había que agitarla con la mano para que apareciera la imagen. No usaba rollos, sino, paquetes de papel fotográfico que eran sumamente costosos en relación con el revelado normal; era el precio que había que pagar a fin de obtener el valioso recuerdo al instante. Asimismo, a diferencia de la "Ektralite", no integraba un flash. Había que comprarlo aparte y asirlo en el cuerpo de la cámara. 


Cámara instantánea Polaroid (ilustración de Héctor Barceló, autor del blog)

                   

 Flash de Polaroid 

Recuerdo ese día, 20 de julio de 1984 día de la independencia, era festivo y mi padre estaba libre. La gran novedad en la casa era el magnífico premio que él se  había ganado gracias a un sorteo de la marca de pasta de dientes "Close up": una cámara "Polaroid" instantánea, la cual ya estaba lista con su cartucho de papel fotográfico. En la mañana, colocó la bandera  y se dirigió a donde mi abuela para mostrarle el aparato a mis tíos. Luego, regresó a la casa y nos tomó las siguientes fotos:






Las fotografías instantáneas tiene el defecto de deteriorarse con el tiempo, pero eso  no les impide seguir mostrando la ternura y calidez de las escenas. Ninguno de nosotros está engalanado para la ocasión, pero esa era la intención de mi padre: captar fotos  espontáneas e intimas. 


Luego de la "Polaroid",  mi padre adquirió una cámara que en los 80s y 90s tuvo auge entre los aficionados a la fotografía que deseaban un equipo más económico que las costosas "Cannon", "Nikon" y similares: la "Zenit" réflex. Esta marca, que en aquella época se fabricaba en la Unión soviética (hoy día sigue su producción en la  Federación  Rusa), tenía la peculiariedad de que era completamente mecánica (lo único que tenía electrónico era el exposímetro), de gran robustez y de un precio hasta tres veces menor que sus pares occidentales. Era en la práctica una cámara profesional, pero muy espartana  al mejor estilo soviético. Pesaba mucho, razón por la cual recibió el remoquete de "Bola de hierro". Usaba  rollos de 35 mm que venían en presentaciones de 12, 24 y hasta 36 tomas de un tamaño estándar de 10 x 15 cm, también se le adicionaba un flash.  


Cámara Zenit y estuche de cuero  igual  al modelo que tuvo mi padre.



Tal como ocurrió con las anteriores cámaras, mi padre mantenía su Zenit en estado de alerta para captar momentos íntimos de mis tres hermanos y mi madre: 




Por ese entonces estrenaba mi flamante bicicleta "5A" que fue un regalo de navidad de mi padre. En un sábado soleado, posiblemente de 1984 o 1985, capto esta foto:



En 1988 nos mudamos a nuestra nueva casa donde mi padre, amañado con la Zenith, siguió con la costumbre de producir hermosas postales:



De paseo en el Rodadero, toda una oda a la nostalgia y felicidad.
                                       

Las  fotos constituyen puertas temporales que nos permiten retroceder en el pasado y sentir de nuevo esas vivencias extraídas  de los recovecos más alegres e íntimos de nuestras vidas. Agradezco a mi finado progenitor el tener siempre la cámara lista para hacerlo posible.




La Voyager 1 en el espacio intergaláctico.

  Me encuentro desarrollando   clips de videos donde recreo   hechos científicos, pero en un lenguaje visual asequible al gran público. Cada...