Recordando cachivaches de mi infancia.
Foto tomada por mi padre en algún momento de 1985, quizás mi persona ( se me alcanza a ver la mano a la izquierda) y mi vecinito estábamos viendo el mundial de fútbol juvenil de aquel año.
En la primera de estas remembranzas,
recordaba la fabulosa antena que mi padre construyó para el deleite mío y de
mis hermanos. Decía que en mi niñez (en los 80s) solo había disponible tres canales en la costa
Caribe de Colombia: "Canal 11" , "Canal 13" y
"Telecaribe". Si se deseaba contemplar algo más, había que conseguirse una
parabólica (una opción pata millonarios) o poner una antena que atrapase
canales de otros países , que fue lo que hizo mi progenitor. No había Internet,
ni TV Cable, ni nada parecido. Existía la alternativa del “Betamax”, e incluso,
del “Laser Disc”. Pero el primero era costoso y poco asequible en la época (mi
padre solo vino a comprar Betamax en 1990) y ni que decir del segundo. Así
que para el niño que era yo, ver las
series o películas favoritas quedaba a plena dependencia de la programación que
emanaban los mencionados canales (en nuestro caso, adicionamos “Venevisión”). No es como hoy, que uno puede
verse a la hora que quiera y el día que le apetezca cualquier material… No,
había que esperar el día y la hora en
que se emitiría lo que queríamos ver, previa consulta a la revista de tele guía.
Los días de la semana estaban etiquetados de “aburridos” a “entretenidos” de
acuerdo a lo que había en la parrilla de TV.
Sin más entretenciones audiovisuales
en casa y dependiendo de la programación, un aparato muy familiar ocupaba
entonces toda la atención en la casa: el
televisor. No hay persona de la generación X que pueda desmentir lo importante
que fue en su niñez. Congregaba a la familia en la sala de la casa, toda la
rutina diaria giraba en torno al aparato de marras; la hora de la telenovela, la de la serie
favorita, la de la esperada película eran datos a tener en cuenta en esos
tiempos. Para los niños de ese entonces esa pequeña pantalla emanaba todo un
universo de entretenimiento y aventura.
Dice la historia que la primera
transmisión de televisión pública propiamente dicha fue obra del ingeniero eléctrico
escocés John Logie Baird en 1926 mediante un aparato electromecánico.
Sin embargo, ya en años anteriores había
inventores cuyos logros seguramente le sirvieron de base a Baird como los del
alemán Paul Nipkow que patenta un sistema mecánico de disco óptico para grabar
y emitir imágenes (1884) ;el también alemán Ferdinand Braun, quien desarrolla
el tubo de rayos catódicos(18979. Asimismo, un ruso entra en escena: Boris
Rossing con su primera transmisión de imágenes a través del aire. El despegue definitivo
del invento se dio con el televisor totalmente electrónico, inventado por el
estadounidense Philo T. Farnsworth, cuya primera demostración fue en 1927. El
otro gran hito fue el televisor a color, desarrollada por el ingeniero mexicano
Guillermo González Camarena.
La televisión llegó a Colombia, mi país, en 1954 por iniciativa del mandatario de aquel entonces, Gustavo Rojas Pinilla. Luego de un tiempo la televisión colombiana, que en sus inicios era educativa y cultural, pasó al modelo de las concesiones. Este consistía en que el estado administraba la infraestructura y los canales, pero la programación de estos era realizada por programadoras privadas a las cuales se les entregaba en concesión los espacios. Ya hacia la primera mitad de los años 70, se perfilaban dos grandes canales de televisivos: “Canal dos” (que antes de convertirse a cobertura nacional fue “Teletigre” y “ Tele 9 Corazón”) y “Canal uno” (que fue fundado el 13 de junio de 1954, en los inicios de la la televisión)
Para 1979 la televisión a color llegaba Colombia, gracias a la gestión del presidente Cesar Turbay Ayala. Aparecieron entonces los primeros comerciales promocionando el flamante receptor de las imágenes coloridas, toda una novedad. En ese entonces, si bien en general los televisores eran más económicos, todavía en muchas partes de Colombia no eran de fácil adquisición, máxime si se trataba de los nuevos aparatos. Solo para aquellas familias cuyas cabezas tenían un trabajo estable era posible hacerse a uno y mis padres pertenecían a este segmento de la clase media trabajadora. No puedo precisar el año exacto en que mi papá compró nuestro primer televisor a color, intuyo que pudo ser en 1981. Realmente no recuerdo el día, ese detalle se escapa de mi memoria. Pero, sin duda debió haber sido una novedad en el seno de la casa, pocos vecinos tenían el privilegio de tener una TV a color último modelo.
El
aparato en cuestión, tal como dije en el capítulo de la super antena, era un televisor marca “Hitachi” de 21 pulgadas
de perillas.(desconozco la referencia). La parte del panel de controles y la
pantalla era negra, la tapa blanca y la cubierta del tubo, negra. Una
reconstrucción visual de su aspecto la pueden ver en este artículo. Para
hacerla, me basé en mis recuerdos y las fotos familiares donde aparece. Recuerdo
sus dos grandes perillas, una de la banda
“VHF” en la cual, se sintonizaban los canales nacionales, regionales y
“Venevisión” (cuando dispusimos de la antena) y la otra de la banda “UHF” que contenía muchos canales, pero era
inoperante en nuestro país. El ruido que hacía ese enorme “selector de giro”
(su nombre técnico) era inconfundible. ¿Y el encendido? Al jalar el botoncito
negro (a la sazón el interruptor), brotaba
un sonido seco y corto. Era algo así como golpear una puerta con la punta de un
destornillador.
A pesar de sus sonoridades
(imperdonables en un televisor actual), tenía una bonita imagen para la época,
sin los molestos “cocuyos” que fastidiaban a otras familias cuyos receptores
sobrevivían con antenas portátiles de “bigote”. De hecho, la fabulosa antena que mi padre
construyó permitía una imagen limpia para ver series extranjeras ( o “enlatados”
como se les decía en ese entonces) como”Mc Giver”, “Los magníficos”, “Los Hard
investigadores”, “Profesión peligro”, “Automan”, “Ultraman”, "V, la batalla final" y otras tantas.
También para deleitarnos con clásicos de la televisión colombiana como: “Don
Chinche” , “Dejémonos de vainas”, “Naturalia”, “El Show de Jimmy",etc. En
aquellas noches nos reuníamos en nuestra pequeña y cálida sala para contemplar estos
programas. También los sábados y domingos durante todo el día donde, atraídos
por su notable imagen, llegaban niños de otras casas a disfrutar la programación de
las cadenas, principalmente de la fantástica “Venevisión”.
Nuestro
Hitachi a color nos acompañó más de 10 años. Cuando nos mudamos, en 1988, lo llevamos a la nueva casa. Inicialmente, lo
situamos en la sala y luego en mi cuarto. En 1993 un sobre voltaje daño el
viejo televisor y mi papá lo desechó regalándolo a un tío. Para
ese entonces teníamos un “Thoshiba” de 14 pulgadas y un “JVC” de 21
pulgadas a control remoto. A estos se sumaría un Sankey de 21 pulgadas digital
de perillas en 1994 (que mi papá nos regaló para ver el mundial)
Hoy día
los televisores son grandes, delgadas y esbeltas piezas que casi no traen
controles manuales y dependen por completo del control remoto para ser
operados. Pero, para un nostálgico como
yo, no vienen con el encanto de aquel voluminoso aparato de perillas y botones que alegraba los días
de antaño.