jueves, 11 de marzo de 2021

¡Llegaron los libros!

 

Una de las cosas que más le agradezco a mi padre

fue que llevó cultura y saber a la casa merced

a enciclopedias, libros y revistas.


Ilustración del autor de Héctor Barceló, autor del blog.


Una de  las escenas de mi niñez y adolescencia  que recuerdo con nostalgia es aquella donde llegaba el mensajero de “Círculo de lectores” a traer el pedido de libros. Cada vez que vislumbraba la figura de aquel hombre tocando  la puerta de la casa, mi rostro se bañaba de felicidad. Mi papá acertó en entender que tener conocimiento en el seno del hogar redundaría en nuestro bienestar, pensaba que dotando a sus hijos de sendas enciclopedias y libros podían hacer las tareas e instruirse sin necesidad de ir a una biblioteca. Por eso no escatimaba esfuerzo en comprar los mejores títulos de la época. De esta forma tuvimos: “El mundo de los niños”, la  “Enciclopedia temática”, “La Guillet”, “Historia universal”, “El gran diccionario enciclopédico Larousse”, “Lexis 22”, “Historia del siglo XX”, “Gran diccionario de las ciencias ilustrado a color”, entre otros.


Antaño, cuando no existía la internet, la gran fuente del saber eran la enciclopedia, un compendio de conocimiento ordenado de forma temática o alfabética cuyo origen se le debe a Ephraim Chambers, el gran enclopedista inglés. Si uno deseaba investigar sobre cualquier cosa, ahí estaba esa querida colección de tomos para saciar la curiosidad. En toda casa, si las condiciones económicas lo permitían, había mínimo una o dos enciclopedias. Por lo general, eran muy costosas y por eso se pagaban a plazos. Era corriente ver en aquella época, los 80s y aún en los primeros años de los 90s, unos personajes peculiares: los vendedores de enciclopedias.




Iban de casa en casa llevando un pesado maletín, aguantando pacientemente el Sol canicular de la costa. Convenientemente bien vestidos llegaban a ofrecer los últimos títulos del momento a precios y cuotas cómodas. Estas personas eran empleadas por empresas dedicadas exclusivamente a distribuir enciclopedias y libros, había varías en la ciudad. Una de ellas, quizás la más relevante, fue “Círculo de lectores”. Mi papá era cliente estrella de esta y siempre le hacía pedidos. Recuerdo que yo leía con avidez el  catálogo y  cuando me gustaba un libro se  lo pedía inmediatamente. Siempre me complació en eso, para el regalarme un libro era tanto como si fuera a darme  ropa o un juguete. 


Recuerdo ese multi mueble lleno de libros que se hallaba en la sala de la casa. Bajo el arropo de esas apacibles noches de mi infancia, tomaba un libro  de la enciclopedia “El mundo de los niños” para viajar a los paisajes prehistóricos del tomo seis, “Las plantas”; también realizaba viajes alucinantes leyendo el tomo cuatro, “La Tierra y el espacio”.¿Y que tal visitar las cinco maravillas del mundo antiguo? Esto lo lograba con el tomo diez,”Lugares maravillosos”. Pero había otra gran atracción en casa, la  “Nueva enciclopedia temática” que mi papá compro por allá en 1981. En esta obra, que me  ha acompañado toda la vida, se podía encontrar prácticamente de todo y  aún es la hora en que la leo. Lo más curioso es que el olor de su papel me transporta a los años 80s cuando me sentaba en la mesa del comedor a disfrutarla. Hasta hace apenas un año la conservaba completa, pero los malvados comejenes acabaron con varios tomos quedándome ocho de los catorce originales.



El tomo seis de la enciclopedia "El mundo de los niños” 



La "Nueva enciclopedia temática"


En abril de 1988 nos mudamos de casa, el trajín del trasteo (ya que previamente nos quedamos alquilados en otra casa por cuatro meses mientras entregaban la nueva) provocó que varios  libros que mi padre había comprado por años se perdieran y deterioraran, Algunas enciclopedias sobrevivieron y aún me acompañan, entre ellas las mencionadas  “Enciclopedia temática”, “Historia del siglo XX”, “Historia universal” y el “Gran diccionario de las ciencias ilustrado a color”. Claro, algunas de estas están en estado regular y pendientes de una restauración.


El primer tomo del  “Gran diccionario de las ciencias ilustrado a color”


Ya instalado en mi nuevo hogar, mi padre siguió encargando libros y yo, que ya era un adolescente, me afiancé en la lectura y perfeccioné el hábito. Durante este periodo se encargaron varios títulos pedidos por mí (que aún conservo) Por ejemplo: “Cómo funcionan las cosas”, de  David Macaulay que vino en dos tomos; “The National Geographic Society, 100 años de aventuras y conocimientos”, que cuenta la historia de esa importante institución científica; “Enigmas de la Tierra y el espacio” de Issac Asimov, como su nombre lo indica, es un recorrido a través de nuestro planeta y el espacio; “Historia del tiempo” de Steven Hawking. Tengo una pequeña anécdota sobre este libro: resulta que lo había visto en el catálogo de “Círculo de lectores” y lo había solicitado como regalo de mi cumpleaños, pero era imposible recibirlo el mismo día que cumplía, ya que los pedidos llegaban como a los 15 días; así que mi papá, para cumplir con el regalo el día que era, lo compró de contado en una librería. Creo que era un martes 2 de abril de 1991 cuando llego del trabajo con el libro en la mano, como el título de la popular película vino con el “regalo prometido”.


 


Como entré a la universidad  a estudiar diseño gráfico, pedí a mi papá libros de temas afines. En mi cumpleaños 19, me trajo dos libros sobre acuarela, técnica que estaba aprendiendo en aquella época,  “Pintando a la acuarela“, de Juan T. Comamala y "Pintando bodegón a la acuarela ", de José M. Parramón. También, por aquellos años, me compró otro libro de arte  “ Manual práctico de la acuarela“,  de Ettore Maiotti  que fue el último pedido que hizo a “Círculo de lectores”. Pero lo mejor vino después, un sábado de 1994, cuando se presentó con una enciclopedia de diseño gráfico y otro libro: "Escuela de acuarela“, de Hazel Harrinson.  No los había pedido, pero a  mi padre siempre le  gustó  darnos sorpresas. Todos estos detalles demostraban el profundo amor   que nos dispensaba y que llenaron mi mente  adulta, y la de mis hermanos, de recuerdos entrañables.

 







La Voyager 1 en el espacio intergaláctico.

  Me encuentro desarrollando   clips de videos donde recreo   hechos científicos, pero en un lenguaje visual asequible al gran público. Cada...