Imagen de aquel juguete, según mi memoria
Recordando una jornada navideña de antaño
Afortunadamente para este servidor y sus hermanos, mi finado padre fue una persona disciplinada y trabajadora. Por eso logró a base de esfuerzo y estudio, hacer una exitosa carrera en una importante empresa de la ciudad. De esta forma, tuvo siempre los recursos económicos para comprarnos juguetes buenos en navidad. Mi mente retrocede a los años 80s, a un 24 de diciembre de ensueño, en aquella casita de esquina cubierta de una agradable arboleda. Entrada la tarde, mi padre ya se alista para la jornada. Compra whisky, naranjas, hielo, pólvora y los insumos para el sancocho para que mi mamá se encargue, junto con una vecina, de tener el manjar para la noche. Desde la tarde enciende su poderoso equipo de sonido “Pioneer”, el sol se filtra sobre la arboleda, proyectando manchas de luz sobre el piso de la terraza que se mueven al vaivén de la brisa decembrina. Mientras tanto, yo juego con los amiguitos de la cuadra, entro y salgo de mi casa, voy al parque a saltar…
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| Recreación de los walkie talkie |
La tarde agoniza, llega la vespertina. Mi mamá nos llama para limpiarnos y cambiarnos. Nos ponemos ropa nueva, así que salgo muy majo a la terraza a disfrutar del ambiente. Los bafles están afuera, suena música navideña. Mi padre pone a sonar los acetatos. Algunos vecinos llegan a la casa, hay alegría y un ambiente inolvidable. De vez en cuando pruebo las naranjas puestas en la mesita junto a la botella de whisky. Hoy día, su sabor me hace retroceder a esas épocas.
Hacia las 11 de la noche, mi papá nos manda a
acostar , porque “de lo contrario, el Niño Dios pasa de largo y no deja los juguetes” .
Obedecemos, nos ponemos las pijamas y nos acostamos. Sin embargo, me cuesta conciliar rápido el
sueño pensando en los regalos…
Cuando entran por la ventana los primeros atisbos de luz del nuevo día, se aprecian unas bolsas en nuestras camas. No esperamos más y las abrimos. ¡Son
los regalos del Niño Dios! Para mí el
regalo era un proyector, un brillante revólver de juguete “38 largo” de chequitas
y unos “walkie-talkie“ que también eran de mi hermano menor. Aquel aparato formaba
en la pared imágenes merced a unas diapositivas. Recuerdo que eran unas
historietas en color que se pasaban a
través de una ranura. Las ilustraciones
se veían muy nítidas y grandes. Fue la sensación de la
cuadra.
Estuve usando toda la mañana el proyector, luego,
en la tarde, jugué con los walkie talkie: me iba para el parque y me comunicaba
con mi hermano menor que estaba en la terraza. Tuve tiempo para jugar con el
revólver de checas.
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| Los proyectores de juguete eran muy deseados en los 80s |


